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Oliver Welden: “dónde están los que faltan, los desaparecidos…”

Por Jorge Calvo

 

Oliver Welden (Santiago de Chile, 1946). Autor de Anhista (Santiago: Arancibia, 1965); Perro del amor (Antofagasta: Mimbre, 1970, Premio Nacional de Poesía Luis Tello 1968 de la Sociedad de Escritores de Chile,  traducido como Love Hound  (Nueva York–Austin: Host,  2006. D. Oliphant, Trad.), Premio de Poesía 2007 de la Feria del Libro de Nueva York y Mención en los Premios Benjamín Franklin 2007; Fábulas ocultas (Concepción: LAR, 2006; 2a ed. 2011).  Oscura palabra (Santiago: LOM, 2010). Fundador y Redactor de la revista Tebaida–Chilepoesía (Arica–Santiago: Nascimento, 1968–1973). Es también uno de los poetas participantes en el libro de memoria poética “La libertad no es un sueño” compilado Por Raúl Silva-Cáceres y Edgardo Mardones y publicado con la colaboración de Jorge Calvo por Signo Ediciones en el año 2013.

   En la actualidad Oliver Welden reside en Suecia y en España.

 

La luz después de 40 años

Por Jorge Calvo y Edgardo Mardones V.

 

Editorial Signo

El Museo de la Memoria anuncia para el próximo 24 de abril la presentación del libro La libertad no es un sueño, Memoria poética. Se trata de un libro que reúne poemas y letras de canciones escritas o publicadas en los tiempos de la dictadura. A modo de subtitulo y presentación, otra frase establece: De exilio, cárceles, campos de concentración y poesía clandestina. Sin duda un libro con una historia fascinante en la que se entrecruzan los destinos de muchos seres humanos provenientes de distintas culturas e idiomas pero unidos por un propósito común: rendir testimonio de la barbarie y la injusticia. Tiene un prólogo de Julio Cortázar y fue compilado por el entonces diplomático y Doctor en Literatura Hispanoamericana, profesor emérito de la Sorbona Raúl Silva-Cáceres junto al escritor Edgardo Mardones y, muchos años más tarde, para la edición definitiva, la colaboración del escritor Jorge Calvo.

Lo primero que atrapa la atención del lector es la imagen de un dibujo de José Venturelli en la portada del libro. Luego, una rápida hojeada a las páginas -o al índice-, nos lleva a descubrir la presencia de autores como Gonzalo Rojas, Fernando Alegría, Roberto Bolaño, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Ariel Dorfman, Sergio Infante, Antonio Skarmeta, Omar Lara, Floridor Pérez, Jorge Montealegre entre muchos otros, además de una serie de poemas anónimos, y, entre las canciones, letras de Osvaldo “Gitano” Rodríguez, Patricio Manns o Genaro Prieto. Entonces el lector desprevenido se pregunta ¿Cómo fue posible reunir esa cantidad de nombres? ¿Cuándo y por qué escribió Julio Cortázar el prólogo? Y, por último, ¿por qué razón este libro permaneció tantísimo tiempo sin publicar?

Dar respuesta a cada una de estas interrogantes significa embarcarse en una apasionante odisea…

WALDO ROJAS / CINCO POEMAS;

 

Príncipe de naipes

 

Helo aquí, barquiembotellado en la actitud de su gesto más corriente,

es el soberano de su desolación,

sus diez dedos los únicos vasallos.

Silencioso como el muro que su sombra transforma en un espejo,

nada cruza a través de la locura

de este príncipe de naipes,

este convidado de piedra de sí mismo, el último en la mesa

—frente a los despojos—

cuando ya todos se han ido.

Aquí se detuvo la soledad de la adolescencia con un fuerte silencio

retumbante,

y aquí yace él sobre sus ojos como el único brillo:

un Arlequín de Picasso, se diría, pero menos sublime

y con la espada de Damocles en la mano.

Él es el Príncipe del Naipe, “después de mí un Diluvio de agua

hirviente,

y aún todas las aguas errantes del planeta

que nunca nadie llevará hasta mi molino”.

En la ceremonia de inhumación de Raúl Ruiz.

por Waldo Rojas

Raúl Ruiz

“En tu palabra afable, privada de afectación, sabías traer de la mano las referencias más doctas al terreno de la visión corriente, que es la gentileza de la inteligencia; y otorgar con humor un soplo fértil e inesperado al yermo de los lugares comunes. En fin, qué decir de tu memoria francamente prodigiosa, sólo comparable con tu inagotable, desarmadora, capacidad de trabajo, de tu natural bonhomía intelectual, generoso de tu ser y de tu haber como te mostraste en incontables circunstancias no sólo con tus amigos. Fiel al amor y a la amistad. Fiel sobre todo a tu cometido de creador comprometido con su propia obra en permanente y libre curso, inacabada, inacabable, en virtud de los designios de sus mismas condiciones de posibilidad imaginativa.”

Conversando con Waldo Rojas

Waldo Rojas y Jorge Calvo

Ensayista y profesor de historia en la Universidad de París I Panthéon-Sorbonne. Pero fundamentalmente poeta, pertenece a la generación literaria de 1960 que él mismo ha bautizado como “Promoción Emergente”. El Golpe de Estado de 1973 lo obligó a buscar exilio en Francia, a partir de mayo de 1974, y desde el retorno de la democracia ha vuelto a Chile invitado por la Embajada de Francia, La Universidad Católica y otras instituciones a dictar conferencias y presentar libros. Hombre cordial, ameno, lleno de anécdotas, concedió una entrevista a Cactuscultural.cl en un café del barrio Lastarria. De partida, a propósito de exilio, evoca el hecho de que, nacido en Concepción en el seno de una familia penquista, su primer exilio lo vivió a la temprana edad de cinco años, en Santiago, cuando en 1949 la dictadura de Gabriel Gonzales Videla persiguió a su padre -profesor-guía en la Escuela Normal de Victoria, domiciliado premonitoriamente, dice, en la calle Pisagua de esta ciudad sureña y militante comunista- forzándolo a viajar clandestino a Santiago en procura de refugio en la familia de su esposa. Seguido por los esbirros del régimen, fue asesinado de un tiro en el corazón. Desde entonces, con su madre y hermanos Waldo Rojas vivió en Santiago hasta su exilio europeo.
Luego la conversación salta a los sesenta, a unos estudios de arquitectura, encuentros literarios en la Universidad de Concepción donde, durante la VIII Escuela Internacional de Verano de 1962, conoce a gente como A. Carpentier o Linus Pauling y donde inicia una sólida amistad que duraría toda la vida con el cineasta Raúl Ruiz. Luego, junto a Luis Alarcón y Germán Marín formarían La Cofradía de los Caballeros Antiguos. De Ruíz además sería testigo de bodas y antes de ser su vecino en París, pero también cómplice de lecturas de autores olvidados o poco o nada conocidos, y compañero de correrías diversas en la bohemia santiaguina en aquello años formativos juveniles, y como él mismo sostiene: “Una época en la que hacíamos tantas cosas…”

Presentación del libro LAS AGUAS BISIESTAS, DE SERGIO INFANTE.

Aguas Bisiestas

Por Waldo ROJAS.

 

En el marco de la  27E FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE SANTIAGO, el día sábado 3 de noviembre 2012, Waldo Rojas, Ensayista, Profesor de Historia en la Universidad de Paris I PANTHÉON-SORBONNE, y uno de los poetas destacados de la generación del 60, al presentar el libro Aguas Bisiestas de Sergio Infante dijo:

“Es en parte por el hecho de compartir esta misma experiencia de exiliados, expatriados del suelo y de la lengua maternos, que no dudé un instante en aceptar la invitación antes siquiera de tomar conocimiento del contenido del libro. Pero la verdadera razón, en rigor, son dos:
La una: Sergio Infante es por cierto un poeta de trayectoria, un hombre de letras de vario ejercicio, un universitario prestigioso. En más de una ocasión la poesía nos ha reunido en el aquí o allá de nuestros itinerarios nómadas. La otra razón ha tenido que ver con que el título del libro, Las Aguas Bisiestas, que anunciado con todas sus letras en el mensaje invitador, picó de inmediato y doblemente mi curiosidad. La de poeta, claro está, como la de historiador.
El adjetivo “bisiesto”, como se sabe, deriva del latín bis sextus dies ante calendas martii, que correspondía a un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero por Julio César. El 24 de febrero era el sexto día antes de las calendas (primer día del mes) de marzo. Bisiesto o ‘bisextil’ (del latín bisextilis) es, pues, aquel día retráctil que merodea cual fantasma el calendario y que durante cuatro años falta al llamado. Helo, pues, aquí asociado poéticamente al líquido elemento.
Aguas en la poesía y la escritura las ha habido de toda eternidad; desde ya entre los presocráticos, y con ellos el mismísimo Anaxágoras, quien hacía del agua nada menos que la matriz del Aire, del Fuego y de la Tierra. Un agua que podríamos llamar primordial. Pero, ¿hay aguas bisiestas?