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BAR “LA ESQUINA”- Edmundo Moure

la esquina

Está situado en la esquina suroriente de calle 18 de septiembre con Santa Isabel. Lo descubrí cuando llegaba al paradero del transantiago D-03, que sube por Irarrázaval y me deja en Plaza Egaña, a dos estaciones de mi casa… Como no aparecía el microbús, entré en el local y pedí un vaso de pipeño, más bien una caña grande, y me senté a la mesa alargada donde se iban acomodando los feligreses o parroquianos, como una virtual comunidad de fieles, como suelen sentarse en las viejas tabernas pueblerinas de la Galicia profunda. A mi lado derecho se ubicaron dos jóvenes treintañeros, que conversaban de materias académicas. Uno de ellos nombró a don Andrés Bello y, ¡qué me dijeron!, metí baza en el diálogo y devenimos en una tertulia animada, mientras yo me repetía el pipeño y ellos daban cuenta de un litro de cerveza y de dos churrascos con palta, ají y tomate, en sendas marraquetas… Eran bisoños maestros de una universidad privada

Intensidad y tensión en “El hospital” de Tamayo

El Hospital, cuentos

Luis Alberto Tamayo, “El Hospital”, (2013)
cuentos, Ediciones El juglar.

La primera vez que escuché hablar de Luis Alberto Tamayo fue el año 1978 cuando ganó el primer lugar en el concurso organisado por el Arzobispado de Santiago, en homenaje a los Derechos Humanos con su obra: “Todo hombre tiene derecho a ser persona.” 

Era un adolescente y su cuento se encumbraba por centenares de relatos  de escritores avezados. En ese cuento se aprecia ya su opción ética y estética. Su adhesión por la justicia, la defensa de los pobres y contra la iniquidad de los poderosos. La segunda vez fue en el año 1997, en los salones del diario “Las Ultimas Noticias” donde Luis Tamayo obtuvo el segundo lugar  del Concurso  “Daniel de la Vega” con su cuento “Ahí no más”. Después, con cierta regularidad, se han sucedido los premios y los galardones de concursos muy apetecidos y, por lo tanto, con miles de competidores, como el del año 2000 del Banco de Santiago y el de 1996 de la editorial Don Bosco. Luis Alberto Tamayo ha sido reconocido también como un relevante escritor de literatura infantil y juvenil. Este breve resumen de su actividad literaria bastaría para ubicarlo entre los escritores más destacados del país.

PARA UNA HISTORIA DE CHILE EN MINIATURA O cinco pequeños grandes episodios nacionales que usted se perdió

Por Andrés López Umaña

A propósito de la elección de Camila Vallejo, una vez más, como Personaje Destacado del Año, la nombradía internacional efímera o no, que alcance nuestro país, suele convertirse en un curioso tema de debate. Desde los buenos (y apócrifos) tiempos de la elección decimonónica de la bandera y el himno más lindos hasta el espectacular rescate de los 33 mineros, los malentendidos y chauvinismos de toda clase acaban imponiéndose como verdades históricas absolutas en el inconsciente colectivo. Claro está que el galardón de la pequeña y lúcida dirigente estudiantil de luminosos ojos constituye todo el reconocimiento a un arquetipo hoy en plena vigencia. Su parangón con el personaje del año 2011 de la revista Time, El manifestante, confirma la tendencia. Y sin embargo, extrañamente, los chilenos tienden, esta vez, a minimizar la noticia. Raro, porque nuestro país, tan pequeño e insular, aislado por una geografía estruendosa pero avara, parece requerir del estímulo constante a su autoestima, como nuevo rico acomplejado con hábitos propios de suburbio.

Esperó el doble que la cigarra, pero logró hacerse oír: La libertad no es un sueño, Memoria poética.

Por Sergio Infante

Esperó el doble que la cigarra, pero logró hacerse oír: La libertad no es un sueño, Memoria poética. Antología compilada por Raúl Silva-Cáceres y Edgardo Mardones, con la colaboración de Jorge Calvo, Editorial Signo Limitada, Santiago de Chile 2013, 150 páginas.

“Lo primero que se infiere del proyecto, iniciado por el catedrático de Literatura Raúl Silva Cáceres y por el escritor Edgardo Mardones, es el carácter representativo y la presencia de una poesía de calidad. Ambas cuestiones no siempre son fáciles de armonizar, menos aún en una situación de exilio donde campea la dispersión, al tiempo que lo ideológico opera, por lo menos en los primeros años, como una falsa y, a la larga, nefasta ilusión centrípeta. Hay en esta antología una voluntad por resistir culturalmente la fragmentación propia de una derrota política, esto se consigue buscando las expresiones poéticas de todos los sectores posibles. La estructuración posterior reflejada en el orden del libro da cuenta de que no se trata de una recopilación al azar: I Poemas en el exilio, II La poesía en el interior. Cárceles, campos de concentración y poesía clandestina anónima. III Poetas del interior. IV Canciones de la resistencia. Es decir se buscó y se ordenó la poesía donde pudiera encontrarse, desdeñando la comodidad de incluir únicamente a los poetas conocidos que estuvieran en Chile o en el exilio.”

La luz después de 40 años

Por Jorge Calvo y Edgardo Mardones V.

 

Editorial Signo

El Museo de la Memoria anuncia para el próximo 24 de abril la presentación del libro La libertad no es un sueño, Memoria poética. Se trata de un libro que reúne poemas y letras de canciones escritas o publicadas en los tiempos de la dictadura. A modo de subtitulo y presentación, otra frase establece: De exilio, cárceles, campos de concentración y poesía clandestina. Sin duda un libro con una historia fascinante en la que se entrecruzan los destinos de muchos seres humanos provenientes de distintas culturas e idiomas pero unidos por un propósito común: rendir testimonio de la barbarie y la injusticia. Tiene un prólogo de Julio Cortázar y fue compilado por el entonces diplomático y Doctor en Literatura Hispanoamericana, profesor emérito de la Sorbona Raúl Silva-Cáceres junto al escritor Edgardo Mardones y, muchos años más tarde, para la edición definitiva, la colaboración del escritor Jorge Calvo.

Lo primero que atrapa la atención del lector es la imagen de un dibujo de José Venturelli en la portada del libro. Luego, una rápida hojeada a las páginas -o al índice-, nos lleva a descubrir la presencia de autores como Gonzalo Rojas, Fernando Alegría, Roberto Bolaño, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Ariel Dorfman, Sergio Infante, Antonio Skarmeta, Omar Lara, Floridor Pérez, Jorge Montealegre entre muchos otros, además de una serie de poemas anónimos, y, entre las canciones, letras de Osvaldo “Gitano” Rodríguez, Patricio Manns o Genaro Prieto. Entonces el lector desprevenido se pregunta ¿Cómo fue posible reunir esa cantidad de nombres? ¿Cuándo y por qué escribió Julio Cortázar el prólogo? Y, por último, ¿por qué razón este libro permaneció tantísimo tiempo sin publicar?

Dar respuesta a cada una de estas interrogantes significa embarcarse en una apasionante odisea…

Crear espacios de libertad

Conversando con Ricardo Willson, Poeta y Presidente de la UEJ 1976-1978.

Conocí a Ricardo Willson por allá por el año 1976 en la Casa de los Escritores de Chile, en calle Almirante Simpson, muy cerca de la Plaza Italia, en pleno centro de Santiago. Yo aún no daba mis primeros pasos en el mundo de las letras, pretendía dedicarme a la escritura y andaba a la búsqueda de un espacio donde pudiera mostrar mis relatos, analizarlos junto a otras personas, obtener una opinión crítica, discutirlos… Buscaba aprender el proceso de la creación y un día escribir un texto de ficción. Eran años difíciles, el golpe militar -al perseguir a escritores conocidos-, los empujo al exilio. Además había cerrado editoriales, librerías y revistas. El debate abierto había dejado de existir y el conjunto de la sociedad chilena se encontraba sumida en un periodo de Apagón Cultural… En estos aciagos y tenebrosos días llegué a la SECH,donde encontré un grupo de gente joven –en su mayoría poetas- movidos por un hambre similar al mío. Los lideraba Ricardo Willson. Aquel día, en ese lugar nació la Unión de Escritores Jóvenes (UEJ). Se crearon talleres. La enorme mayoría se fue a los de poesía. Junto a otras dos personas yo quede en el de narrativa. Aquella experiencia fue sumamente importante, encontré el estimulo y el ambiente adecuados para desarrollar las herramientas que me permitieron escribir mi primer cuento Se acabaron los cigarrillos, que obtuvo el primer lugar en un concurso el año 1979 y, al año siguiente, fue incorporado a la antología Cuentos Chilenos Contemporáneos de editorial Andrés Bello. De este movimiento nacieron muchos otros poetas y escritores que hoy ocupan lugares destacados en las letras del país. Evoco ahora a Antonio Gil y Ricardo Willson “improvisando” un poema a la limón…

A la búsqueda de un tramo extraviado del río

 

“ ¡Oh Roma! en tu grandeza, en tu hermosura
huyó lo que era firme y solamente
lo fugitivo permanece y dura…”
A Roma sepultada en ruinas, Quevedo.