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“MUERTOS QUE HABLAN” “Bombal,Rulfo,García Márquez”

Por  Hernán Ortega P.

 

Un planteamiento de fondo se entiende a través del subtítulo. ¿Hay alguna relación en el acto creativo de cada una de las obras madres de los autores citados? Muchos críticos o académicos dirán que es un disparate pensar así; como que una obra literaria de alcurnia emerge por sí y ante sí aun cuando  le antecedan textos de igual, menor o mayor dignidad. Sin embargo, muchos se atienen a que en arte nada sale de la nada; es decir, siempre hay un hilo pálido, secreto que burla el inconsciente de cada autor. O que exprofeso se presenta una re-inspiración. Estamos hablando de literatura como arte; la literatura sin arte no es literatura –están los otros géneros que a Ud. corresponde enumerar-.Imaginémonos: Kandinski, antes de descubrir la pintura abstracta, como abogado está interesado en las centenarias  normas morales vigentes en los ancianos pueblos de su tremendo país; esas nociones, transmitidas de padre a hijo en cadena infinita, se constituían en leyes con sus respectivas sanciones; de modo que los códigos modernos rusos no nacían de la nada. Lo mismo las religiones. De allí que el pintor mencionado descubriera que en toda actitud profunda del espíritu existe una raíz viva, innominada, abstracta. A riesgo de abrir una discusión bizantina, creo que ocurre igual fenómeno en la literatura. La Biblia, en muchos aspectos, representa eso. Del s.XV, leemos en unas coplas inmortales cómo se honra a un difunto y cómo la Muerte alza su voz para sentenciar:

La Idea de Dios en la Globalización. A propósito de Martín Cerda

por Hernán Ortega Parada 

Reflexionar es siempre estar yendo y viniendo
al interior de un camino inconcluso…
PABLO VEGA F.

 Acostumbro a releer a Martín Cerda, cuyos textos si bien breves no por ello dejan de tocar a fondo un tema, una visión personal. Ello me provoca un estado propicio para agudizar las contradicciones

Estuve seis años cerca de Martín como alumno del Taller Huelén y, sin embargo, percibo que su “entrega” en las reuniones semanales en el Goethe no era producto de un encuentro suyo con personas interiorizadas en la cultura profunda. Se cumplía un protocolo de conversación sobre los temas que proponían escritos primerizos de los “alumnos”; éstos, hombres y mujeres que buscaban la maduración de sus propias expresiones literarias pero en estado de iniciación muy precario. Y me incluyo. Cito este antecedente pues el verdadero maestro ensayista estaba en otros círculos, como en sus conversaciones privadas con Hernán Godoy Urzúa, por ejemplo; o en instantes “calientes”, en torno a un mesa de medianoche rodeada de intelectuales como Ricardo Latcham, Tito Mundt, Alberto Soria, Eduardo Molina, Luis Oyarzún, o, tal vez ocasionalmente, con Jorge Millas; todos ellos al inmediato regreso de Europa de Martín. Al segundo regreso (1977) muchos de aquellos ya no estaban. Pero debo considerar que Martín Cerda guardaba su intelecto trascendente para cuando enfrentaba la página en blanco y ello explica los títulos de sus dos libros publicados en vida; reflexiono en especial sobre el último, “Escritorio”. Articulista en periódicos comprometidos con la dictadura, solía escasamente mostrar sus atributos críticos sobre lineamientos profundos. Ni siquiera en la tv, o en conferencias se explayaba abiertamente: no fue un hombre de pasiones públicas, sino un tipo muy contenido tanto como por lo que pasaba en el país o como aquello que lo aquejaba en la intimidad. O, sugiero, era su estructura de ser: una abuela paterna francesa –Drouviell-, y una abuela materna alemana –Von Mayer-. Rigor intelectual. En consecuencia, el ensayista per se, profundo conocedor de la historia del pensamiento y de la evolución de las sociedades, emerge recién en las páginas de La Palabra Quebrada ( 1982) ; título metafórico que no debe considerarse como hallazgo ligero: es la orientación de un lenguaje herido que emana de la casa fantasma y de la humanidad fantasmal.

Vida y muerte de una revista literaria

Por Hernán Ortega Parada

Durante el año en curso (2017) se está presentando al Fondo del Libro, como Proyecto 2018 de rescate patrimonial, la colección completa de la revista literaria Huelén (1980-1984). Esto es todavía un sueño.

La revista se gestó en el corazón del taller literario homónimo, fundado en 1979, bajo la protección del Instituto Goethe. Martín Cerda fue contratado como monitor, hecho que duró cinco años. En las sesiones con el maestro no se hablaba de poesía. Quizás no quería escuchar o leer textos poéticos de personas que estaban lejos de la maestría. Debido a eso se creó un grupo de poetas que, bajo el mismo alero de Huelén, entró a reunirse los sábados a las 17 horas en Av. España 795, a veces hasta cerca del toque de queda. Este núcleo fue intensamente infiltrado por los servicios secretos del gobierno a través de falsos amigos. Sin embargo, fue una experiencia literaria buena porque concurrían poetas de otras ciudades y que, después, ayudaron a difundir la revista cuando, de verdad, deseábamos transgredir los límites de la capital.

“El hombre que tenía fuego ” Homenaje a Eduardo Galeano

 

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En un homenaje realizado bajo el título “El hombre que tenía fuego”,que tuvo lugar el sábado 30 de mayo recién pasado, organizado por Casona Barrio El Llano y SIGNO Editorial y que además contó con el patrocinio de la Embajada de la República Oriental del Uruguay en Chile, y donde se dieron cita una serie de destacados cantautores como Galo Ugarte y Miguel Ángel Pezoa y destacados poetas y narradores chilenos entre los que cabe destacar a Bernardo Gonzalez Kopmann, Sergio Badilla Castillo, Floridor Perez, y los narradores Luis Alberto Tamayo y Jorge Calvo, el escritor, poeta y ensayista chileno Hernán Ortega Parada dio lectura al siguiente texto de su autoria.

Una vida bajo la escritura

CactusCultural.cl con Hernan  Ortega Parada

 

Para todos quienes conocen la actividad literaria chilena de las últimas décadas y especialmente lo que significaba ejercer el oficio en aquel difícil periodo de “apagón cultural”, en los aciagos años de la dictadura, de seguro les resultara familiar el nombre de Hernán Ortega Parada y toda la incesante actividad desplegada por el grupo literario Huelen que por aquel entonces funcionó bajo el alero del Instituto Goethe bajo las sabias enseñanzas del Maestro y ensayista Martin Cerda. En aquel periodo nace también la revista Literaria Huelen dirigida por Hernán Ortega Parada y donde colaboraron de manera permanente destacados escritores como Martin Cerda, Edmundo Moure, Paz Molina, Ramón Camaño y Jorge Calvo junto a muchísimos otros nombres de enorme relevancia en la literatura nacional que hacían llegar sus aportes, sin otro interés que el de mantener abierto un espacio donde las palabras libertad y democracia continuaran latiendo: Francisco Coloane, Nicanor Parra, Humberto Díaz Casanueva, Antonio Montero, Raúl Zurita, Carlos Olivares, Jorge Teillier, Ramón Díaz Eterovic, Diego Muñoz Valenzuela, Álvaro Cuadra y tantos otros… Sin lugar a dudas la inmensa e incansable labor desplegada por Hernán Ortega Parada a lo largo de aquellos años hicieron posible este milagro destinado a perdurar en las páginas de los actos valiosos de la historia de este país.

  Hernán Ortega Parada, poeta, escritor y ensayista ha continuado su labor y por estos días, en la Feria Internacional del Libro de Santiago (2014) acaba de presentar sus dos más recientes libros sobre la arquitectura del escritor; una segunda edición sobre Jorge Teillier y el último sobre Raúl Zurita, ambos bajo el sello de Ediciones Universitarias de Valparaiso.

EN LA MORADA DE LAS SOMBRAS

Colaboración del escritor y poeta Hernán Ortega Parada

 

  Con motivo de que Cactuscultural.cl se encuentra cumpliendo por estos días su primer año de vida, casi como un presente -el escritor y poeta Hernán Ortega Parada- que a incios de los años ochenta dirigia la mítica Revista de Literatura Huelén -que nace como una prolongación del Taller Literario Huelén que bajo la dirección del brillante ensayista chileno Martín Cerda funcionaba al alero del Ghoete Institut- nos ha enviado una entrevista exclusiva con el poeta Raúl Zurita, realizada en La Morada de las Sombras, una antigua casona en la esquina de Avenida España con Blanco Encalado donde por aquellos días funcionaba la Revista Huelén:

 

(Texto final del artículo “Zurita ¿Infierno o paraíso?”, escrito por Juan Martel, seudónimo ocasional de H. Ortega P., para la revista literaria “Huelén” Nº 10, Santiago, Agosto 1983).