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Vida y muerte de una revista literaria

Por Hernán Ortega Parada

Durante el año en curso (2017) se está presentando al Fondo del Libro, como Proyecto 2018 de rescate patrimonial, la colección completa de la revista literaria Huelén (1980-1984). Esto es todavía un sueño.

La revista se gestó en el corazón del taller literario homónimo, fundado en 1979, bajo la protección del Instituto Goethe. Martín Cerda fue contratado como monitor, hecho que duró cinco años. En las sesiones con el maestro no se hablaba de poesía. Quizás no quería escuchar o leer textos poéticos de personas que estaban lejos de la maestría. Debido a eso se creó un grupo de poetas que, bajo el mismo alero de Huelén, entró a reunirse los sábados a las 17 horas en Av. España 795, a veces hasta cerca del toque de queda. Este núcleo fue intensamente infiltrado por los servicios secretos del gobierno a través de falsos amigos. Sin embargo, fue una experiencia literaria buena porque concurrían poetas de otras ciudades y que, después, ayudaron a difundir la revista cuando, de verdad, deseábamos transgredir los límites de la capital.

Breve encuentro con Gonzalo Rojas

Por Michael AugustinGonzalo

En octubre de 2005 estuve sentado con él frente al micrófono en los estudios de Radio Bremen, en esa ocasión Rojas leyó con su voz baja y varonil algunos de sus poemas, que yo había seleccionado en mi casa la tarde anterior frente a una botella de vino tinto. Poemas tales como: Catullo y Louis Armstrong, Paul Celan, otros poemas sobre el silencio, el amor y el exilio y sobre el increíble y triste poema de su vida cautivo como un pájaro en Rostock, llamado “Domicilio en el Báltico“.

Gonzalo Rojas en Estocolmo

Por Sergio Infantegonzalo-rojas-2Conocí a Gonzalo Rojas cuando en 1988 dio un-recital en la Universidad de Estocolmo. Era un poeta que yo admiraba. Y, como a muchos de mi generación, su “Cifrado en octubre” me había calado hasta los huesos.Esa tarde el poeta nacido en Lebu leyó poemas, de diferentes épocas, e iba intercalando comentarios acerca de su vida y de su poética. Se detuvo con énfasis en su acercamiento a Huidobro y, como Huidobro había hecho en un primer encuentro, recitó de memoria en latín. El joven Gonzalo, que conocía a los clásicos griegos y latinos desde la adolescencia, se sintió atraído por ese insospechado rigor del padre del Creacionismo.

Los Artistas y el Alma de Chile

Por Gustavo A. Becerra
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A medida que se agudiza, como lo que sucede en nuestro país, los miembros de la sociedad empiezan a perder la fracción de confianza -que todavía no estaba dañada- en las instituciones y este hecho, por reacción en cadena, corroe los cimientos frágiles de la democracia y la convivencia. Cuando las sociedades, en todos sus estratos, viven crisis tan profundas como las que ahora padecen, incluida la crisis de confianza y la espiritual (que es definitiva y terminal), no queda otro recurso que echar mano a las reservas morales.

“Hombres de poca fe, piensen en el cántico” Semblanza de Gonzalo Rojas

 

Por Jesús Sepúlveda

Jesús Sepúlveda Fotografía Francisco Letelier

Jesús Sepúlveda
Fotografía Francisco Letelier

Gonzalo Rojas bordeó la muerte, con ella y contra ella. Sintió ese borde dentado bajo la noche fría del sur, en la soledad del mundo, en la niebla. G. Rojas era sur, olía a sur: voz hecha de adverbios como puentes extendidos sobre el abismo al que se enfrenta la existencia. Ser y existencia eran los pilares sobre los que se fundó su poesía, aunque quizás sean los pilares sobre los que se funda toda poesía. ¿Qué hubo metafísica en él? La hubo ¿ Y pensamiento alemán? También. Además de Rimbaud: ese joven colérico a quien veía como un justiciero dando puntapiés en el hocico de los blandengues.

Agujero negro para Rojas

Por Juan Carlos Mestre

Juan Carlos Mestre- Gonzalo Rojas-Antonio Gamoneda

Juan Carlos Mestre- Gonzalo Rojas-Antonio Gamoneda

Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de España, poeta que vivió en Concepción, Chile, cuando era joven y conoció muy bien a Gonzalo Rojas. En el presente texto hace una semblanza donde intercala frases, expresiones anécdotas de Gonzalo. Por eso el texto está cargado de chilenismos y jocosidad vernácula.

80 veces nadie, 100 veces Gonzalo Rojas (Programa)

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