Nostalgias del mal amante de Hans Paul Manhey

Un joven pintor mendocino (Argentina) es rescatado de la cárcel, durante la dictadura de Videla por uno de sus profesores. Viaja a México sin su pareja y sin recursos. Busca abrirse camino como pintor de mujeres semidesnudas.  Después de muchos intentos, logra ganar prestigio y tiene mucha demanda; pero sus modelos y las mujeres que va conociendo lo califican como excelente pintor y amigo; pero muy deficiente como amante. Pasa un tiempo en  Guadalajara, en Cuernavaca y en la Ciudad de México, donde logrea comprar una gran casa que convierte en Centro de Arte y Exposiciones; lo cual no le satisface, ya que él quiere descubrir el secreto de la belleza femenina escondido bajo la piel.

Logra formar una cofradía de amigos artistas; pero, pasa cuarenta años sin encontrar el amor.

Flavio Lucano era un joven pintor, egresado del Colegio de Monserrat, en Córdoba, Argentina. Sin más motivos que ser joven y estudiante de los jesuitas, fue encerrado en un centro de interrogatorios, a consecuencias del golpe de estado del general Videla. Un antiguo profesor, asesor de organismos internacionales, logró liberarlo y lo embarcó en un avión con destino a la Ciudad de México. Ni siquiera pudo avisarle a su morochita y se encontró en un cuartucho estrecho, sin recursos y sin conocer a nadie. Penurias, nostalgias y privaciones no le impidieron ejercer su oficio de pintor.

Una galería de la Zona Rosa le dio la oportunidad y su obra, calificada de realismo introspectivo le permitió pintar a mujeres del gran mundo, en semidesnudos pudorosos. Flavio se dedicó a descubrir y expresar los anhelos, sentimientos y experiencias que habían dejado su huella bajo la piel de sus distinguidas modelos. Pocas veces se aproximó a su aspiración. Con todo, la calidad de su obra ganó amplia aceptación y en poco tiempo logró una situación económica cómoda, por más que él trataba de ser fiel a su visión artística, su respeto al ser femenino de sus modelos y a la búsqueda de la belleza interior.

Pasó un tiempo de Guadalajara y en Cuernavaca. Regresó a la Ciudad de México poco después del gran sismo. Sus amigos lo orillaron a comprar una gran casona, afectada  por el movimiento telúrico. Una vez reparada, en ella se instaló un grupo de unos diez pintores, con su propia galería.

A Flavio le incomodaba esa prosperidad, la presión de sus colegas y la imposibilidad de comunicarse con su amada de Córdoba, que habría sufrido los rigores de la dictadura. Los conflictos con algunos pintores asociados, más preocupados por hacer negocios que por superar su oficio, llevó a la ruptura.

Los tres colegas pintores con quienes logró mayor amistad, junto con un poeta peruano, buscaron avecindarse en San Ángel y trabajar con firme apego a sus convicciones artísticas y éticas.

A lo largo de intensos años de esfuerzos, contratiempos, conflictos e incidencias propias de la vida de artista, Flavio, a la vez que mantuvo su fidelidad a sus principios artísticos y humanos, vivió obstinado en encontrar un verdadero amor. Rodeado de mujeres hermosas, no encontró en ellas esa calidad de mujer, compañera y amante que anhelaba. Hubo varios intentos fallidos, decepciones y desengaños. Sus buenas amistades alimentaron sus esperanzas pero, faltaba que llegara la mujer digna de compartir ese amor y, así lo fue entendiendo, su propia capacidad para entregar sin medida los sentimientos que había cultivado.

Juntos, el autor y ustedes, los amables lectores, podremos ir siguiendo este trayecto y asociarlo a nuestras propias vivencias.

Frases tomadas del texto de Nostalgias….

–. Su  afán por tener este nuevo retrato puede que oculte la intención de que, al ponerse en tus manos, pueda volver atrás y limpiar la imagen que tiene de sí misma‑ dijo Nicolás‑ Resulta evidente que esta señora ha derrochado en frivolidades lo mejor de su vida.

‑Ella quiere que su apariencia se recubra con lo que he podido vislumbrar de su interior ‑le dije a Nicolás‑. Por lo pronto, solo veo mucha soledad, desamparo, la decepción acumulada en sus tres matrimonios y sus otros amoríos, temor a envejecer y sentir que su cuerpo se vaya convirtiendo en un cascarón vacío.

-Cuando me arrestaron, ella estaba en su trabajo. Feroces uniformados revolvieron todo y con sus bayonetas rasgaron dos telas que estaba pintando. Intenté escribirle una nota a Leticia. Un milico rompió el papel y su bota convirtió en astillas el lápiz. En todo caso, al ver el tiradero, mi Morocha no podría pensar que salí de paseo.

-Leticia, mi morochita, jamás se enterará de si estoy vivo o muerto, recluido o exiliado. Ni siquiera podremos mirar las mismas estrellas.

-Me preguntó si les podía pintar un letrero con el nombre de la fonda, “Delicias queretanas”, con un pollo asado en un extremo y un puerquito al horno en el otro. Mi primera obra pictórica realizada en México me permitiría comer en su fonda por una semana.

‑En tan poco tiempo, me encariñé mucho contigo –me dijo, mientras me abrazaba–. Eres encantador como amigo y me convertiste en la Giovanna de tus cuadros. Sin embargo, has sido mucho mejor como pintor que como amante.

-No estaba dispuesto a trabajar desnudos impúdicos; al menos no de tal manera que solo se viera la voluptuosidad de su cuerpo, en poses provocativas.

‑Forma, color y composición me parecen estar en función del intento de expresar lo que subyace detrás o debajo de lo aparente; por lo cual su orientación, más que su estilo, la llamaría figurativismo introspectivo –afirmó Mercedes.

-Ahora, me baño con agua caliente y camino con zapatos nuevos. Ahora tengo ahorros en dólares americanos. Ahora, soy el que sigue extrañando a su desamparada Morochita, sin poder ir a su encuentro, mientras dure la dictadura.

-No logré titularme; aunque sentía que ya había aprendido a pintar como yo quería y el resto sería la ejercitación que me permitiría perfeccionar el oficio.

‑Eres un genio ‑me dijo Vanessa, sin dejar de observar mi inacabada pintura–. No sé porqué, siempre se han asociado los senos desnudos a un aspecto lujurioso. En cambio, tú lograste evocar equilibrio, armonía, hasta una cierta pureza. El dilema es qué podrán opinar otras personas al ver esta pintura.

-Supone mi socia que están relacionados con tu formación humanística, un particular enfoque artístico, algunas malas experiencias no asimiladas y, muy especialmente, el contraste entre la ideología dominante en tu ámbito juvenil y la cultura machista en que te viste envuelto en México.

-Afirmaba Vanessa que los acontecimientos de mi vida, es especial desde que llegué a México, provocaron un desfase entre mi racionalidad y mi emotividad; lo cual provocó incertidumbre y decisiones erráticas en mi comportamiento. Como ejemplo, mencionó que el apego racional a mis recuerdos y propósitos, entraron en conflicto con mi deseo de ser protegido y aceptado; lo cual ocasionó que el amor eterno a mi Morochita sólo durara algunos meses.

‑…lo cierto es que el amor eterno suele durar corto tiempo y, en ocasiones,  ni siquiera el recuerdo logra permanecer ‑se lamentó Flavio‑. Nuestra emotividad suele ser tan vulnerable como nuestra frágil voluntad. Finalmente, las circunstancias nos llevan como hojas arrastradas por el viento.

-A Vanessa se le hizo gracioso el que Nemesio nos haya invitado a brindar por el fracaso en uno de nuestros trabajos conjuntos, lo cual nos demostraba que no estábamos esclavizados por el afán mercantilista y éramos consecuentes con nuestro propósito compartido de expresar lo que a nosotros nos parecía válido.

-Creo que las personas muy inteligentes y de conciencia bien armonizada, difícilmente se enamoran –dijo mi terapeuta‑. La atracción inicial, por fuerte que sea, de inmediato pasa al escrutinio de una mente despierta. Por su parte, la estructura afectiva, encauzada a la creatividad, neutraliza los impulsos pasionales, subjetivos, para dar paso, o no, a sentimientos profundos. Muy distinto sería quedarse en una lujuria vacía.

-Por último, tenemos al cochero interior, que maneja las riendas de la voluntad y acepta o rechaza la propuesta amatoria del primer momento.

-Es frecuente que las personas más inteligentes y más sensibles cometen los más grandes disparates. A su vez, las mujeres que se dejan impresionar por esos hombres sobresalientes se atemorizan ante la posibilidad de incorporarlos a una apacible cotidianeidad y prefieren una pareja menos brillante, pero más confiable o predecible.

-Recordé algo que me dijo Nicolás: “si un arcoíris permaneciera idéntico y en el mismo lugar por toda una semana; terminaría por fastidiarnos”. Lo mismo una mujer muy luminosa, si es siempre brillante, terminaríamos ciegos.

‑En mi caso -, le dije a mi terapeuta – a causa de mi formación ética, mi respeto a la mujer como persona y mi interés en lograr mi objetivo artístico, no logro distraerme en fantasías eróticas. Para mí, lo prioritario es encontrar en los cuerpos femeninos el impacto que ha dejado la vida, o la ilusión con que se enfrenta el futuro.

… era producto de mis pinceles; pero, me emocionó verla plenamente iluminada. Era la marquesa recostada en mi cama colonial, insinuando su desnudez. El cabello suelto era el de Cecilia y su rostro también. Los rasgos mostraban la serenidad y altivez de una mujer refinada y muy distinguida. Lo sorprendente fue su mirada. Eran los ojos de Cecilia, con esa desafiante vivacidad que la hacía tan atractiva.

-Vanessa estaba empeñada en investigar mis inclinaciones, preferencias y frustraciones sexuales. No lograba aceptar el que yo tuviera ante mis ojos y mis manos a tantas mujeres hermosas, sin ceder a la concupiscencia. Para ella era sensato pensar que con más de alguna de ellas habría logrado amistad, simpatía mutua o una atracción íntima; si no estable, al menos ocasional.

-Flavio recorrió las riberas del Chapala y buscó escenas y modelos. Las mujeres indígenas, alejadas de los núcleos urbanos, discriminadas, condenadas socialmente a servir en labores domésticas, trabajos agrícolas y venta callejera de artesanías, no lograban participar de la alegría festiva de las mestizas y se veían agobiadas por la pobreza, la ignorancia y las frecuentes enfermedades.

…salvo la excepcional altivez de Malinalli, las demás mujeres tepehuanas mostraban rostros adustos, hombros caídos y piel marchita; incluso las más jóvenes.

-Mi salud es buena; aunque ya me cuesta mucho levantarme temprano. Mi Asunción ha perdido algo de su cristalina voz de soprano a causa de algunas afecciones gripales. Lo que el médico nos ha restringido, a todos, es el uso del alcohol y el consumo de carnes grasosas. La cantina del Marqués se ha convertido, según Mercedes, en el “Museo de olvidados placeres”.

‑Nunca te vi, ni te quiero ver, como una modelo para mis pinturas. Descubrí contigo una realidad diferente y lo primero que nos unió fue algo tan sutil como la música antigua. Me cautivó tu voz, tu forma tan directa y honesta de expresarte y todo lo que nos fue ocurriendo antes de darme cuenta que tus manos, tu rostro, tu mirar, tu silueta y toda tú eras hermosa ‑le dije, hablando atropelladamente‑. Mi experiencia contigo fue al revés; primero descubrí tu interior y después sentí la atracción de tu presencia física.

Conocí a Hans Paul Manhey hace ya 42 años. Me llamó la atención su estilo personal; amable, respetuoso, sobrio. Me costó identificar su acento. no me sonó a mexicano; pero tampoco a argentino, centroamericano o chileno. Pronunciación cuidadosa, fluida y bien modulada. He viajado mucho, me explicó; además de que profeso la etnolingüística y enseño el uso del lenguaje hablado y escrito en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Yo había egresado de esa facultad; pero no coincidimos.

En ese tiempo, Hans Paul era editor y consultor en relaciones públicas en una empresa de servicios publicitarios. Durante dos años estuve colaborando en tres revistas destinadas al personal de grandes empresas. Me llamó la atención la agilidad mental y la fecunda creatividad de Hans y en cierta ocasión, a la hora de la comida, le pregunté si no había incursionado en la literatura. Sin ufanarse, nos comentó que había escrito un par de novelas, dos libros de poesía y uno de cuentos; además de diversos manuales de su especialidad. Sin embargo, llegó a Chile con las manos vacías. La barbarie armada dio cuenta de todos sus escritos, incluso de sus borradores y apuntes.

Pocas ganas le quedaron de seguir publicando y sus poemas, muchos, casi todos inspirados en las antiguas culturas de México, se los leía a sus alumnos y ocasionalmente en recitales a los que era invitados. Con todo, llegaron algunos premios. En 1984 obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía de Quetzaltenango, Guatemala y otros cinco premios en otros países. Futura Editores, por iniciativa de unos buenos amigos, le editó Pirámide y Eclipse y De la Piel el Universo. Algunos profesores y alumnos promovieron estas publicaciones entre sus alumnos y en medios de un año y medio se agotaron.

Años después tuvo la oportunidad de recorrer la cuenta del río Papaloapan, lo que provocó el surgimiento de Un cantar de Peregrinos. En ese tiempo, la empresa tenía como cliente a la Bolsa Mexicana de Valores, entre cuyos directivos el poeta Hans tenía prestigio como asesor y buen consejero. En diez días se suscribieron 1750 ejemplares, entre directores y subdirectores que quisieron regalárselos a sus amigos y visitantes.

En 1990 se independizó y, además de sus clases en la Universidad Nacional, se dedicó a capacitar al personal de algunas instituciones públicas en cuanto a expresión escrita, investigación documental y uso de la voz en presentaciones.

Como sea, se reservó algo de tiempo para seguir escribiendo, tanto poesía como narrativa. Logró juntar varios volúmenes y alguna vez le pregunté que por qué no los publicaba. Me confesó que era renuente al trato con editores y al acento mercantilista que había cundido en el medio editorial. Él disfruta escribiendo, me dijo. Esa es su labor. Lo demás le corresponde a los que se dedican a seleccionar, editar y promover lo que se escribe.

A principios de este año le volví a preguntar por su trabajo literario. Me mostró seis novelas ya terminadas y revisadas; más cinco volúmenes de poesía. No ha vuelvo a concursar. A principios del año pasado estuvo  a punto de editarse un poemario de un estilo muy medieval: La Saga Primordial. Estaba todo listo, incluso dos prólogos de personas reconocidas. Una auditoria  estableció que esa editorial estaba a punto de la quiebra y ya no pudo editar nada.

Antes de cumplir los ochenta años, suceso que ocurrirá inevitablemente en enero de 2018, me confesó que le parece conveniente dar a conocer algo de lo mucho que ha escrito. La oportunidad se presentó en forma casual. Un anuncio de Amazon invitaba a publicar en ebook, o sea para leer en pantalla, y participar en un concurso. Hans Paul leyó las bases y no entendió mucho, a causa de los aspectos tecnológicos. Un amable sobrino, experto en ciber promoción le ofreció encargarse de todos los aspectos de esta edición, incluido el formato en papel. El resultado es una obra de 432 páginas, de muy buena apariencia y a un precio accesible.

Ayer, con ejemplar de “Nostalgias del mal amante” en sus manos, Hans Paul me dijo: ‑Puede que esta edición me abra el camino para otras publicaciones y así pueda llegar a mis compatriotas chilenos y a muchos seguidores españoles, argentinos y de otros países que siguen mis balbuceos en Facebook; además de los muchos alumnos y amigos que me recuerdan bien en este México generoso.

Esta nota la escribí un poco a la ligera; aunque con gran respeto y admiración, a solicitud de un generoso amigo, editor, chileno, que quiere dar a conocer a este escritor que salió de su amada tierra hace ya cuarenta y tres años.

 

Lic. Paula Guerrero Hernández

Periodista.

Profesora de Periodismo Informativo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

UNAM-México

VENTA EN CHILE

“Nostalgias del mal amante” se puede adquirir en Chile a través de la página www.buscalibre.cl que lo trae desde Amazon. Tiene un valor puesto en domicilio en Santiago, de $16.000.

One Response to Nostalgias del mal amante de Hans Paul Manhey

  1. Beatriz dice:

    Una historia muy interesante y absolutamente desconocida para mi, me parece interesante la historia de la novela, pero más aun la del autor.

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