“Miniaturas”, cuentos enanos de Jorge Calvo

Por Bernardo González Koppmann

“Miniaturas” es un conjunto de 26 cuentos cortos de Jorge Calvo (Santiago, 1952), la más reciente obra de este escritor chileno de larga trayectoria que nos acostumbra a relatos donde despliega una escritura que cautiva por su frescura y agilidad narrativa. Tiene una serie de cuentos publicados donde destacan títulos como “No queda tiempo” (1985), “Fin de la inocencia” (2003) o “El emisario secreto” (2004).  (2015). Ahora se aventura con el microrrelato. “Miniaturas” nos pasea por una temática existencialista contemporánea, con un dejo algo culterano, donde se mencionan connotados creadores tales como Homero, Cervantes, Joyce, Kafka, Borges, el pintor expresionista Oskar Kokoshka e, incluso, músicos a la manera de Louis Armstrong, John Lennon o Joan Manuel Serrat. De referencias bastantes crípticas, estresantes, Calvo nos lleva abruptamente a situaciones candorosamente cotidianas, con gatos  que se hacen los cuchos, anécdotas infantiles, conversaciones en algún mítico Café, sismos y las invariables obsesiones del ajedrez y la amatoria como inquietudes permanentes en sus relatos.

Este subgénero literario, bastante en boga en la sociedad exprés que transitamos, con textos que se leen a la velocidad del ritmo de vida actual, encuentra en Calvo una pluma que con dos o tres trazos da cuenta cabal de un ambiente ya sea éste urbano o rural, del carácter de sus personajes o puede desentrañar un misterio policial, cuando no íntimo, esotérico o mitológico, generalmente por nocaut, con un golpe seco al mentón, a modo Julio Cortázar.

Para manejarse en la brevedad del microcuento hay que echar mano a variados recursos; a saber, la intertextualidad, la elipsis – como una forma de resumir el discurso saltándose adjetivos, etapas y no pocas veces utopías enteras de un solo brinco-, también hay que tener mirada periférica para captar el detalle microscópico y la síntesis holística al mismo tiempo (donde cronos y kairós se toman de la mano), el dominio de códigos y lenguajes atemporales, la fragmentación, la deconstrucción, pero especialmente se debe contar con la complicidad de un lector avispado, atento y activo capaz de seguir y continuar la invención propuesta por el autor. En este territorio Calvo se siente cómodo, porque es un escritor de reconocido oficio. Un botón de muestra; leamos el cuento “El pescador”: “En las camanchacas de tu alma extravié mis redes”. Punto. Mejor, imposible. Eso sí una observación; estimo que la edición de los textos debe evitar descuidos, imperceptibles, pero que entorpecen la lectura. Me refiero especialmente al uso de la puntuación y la acentuación.  Y también, en menor medida, considero que se podría afinar el final de un par de cuentos donde se demora el desenlace, o se hace predecible. Superado estos impasses, estamos en presencia de un trabajo literario de alto vuelo estético, imprescindible hoy por hoy para re-humanizarnos en este mundo que pareciera ir a la deriva. “Bueno, por eso existe la filosofía, la religión y el tango. Todo lo que sigue es fábula”.

Talca, 2 de septiembre 2017.

 

Miniaturas

Selección

 

“En ajedrez, recibe el nombre de miniatura, una breve batalla
sobre el tablero que, en hermosas y despiadadas
movidas, confronta las fuerzas de dos poderosos reinos” 

EL  PESCADOR

En las camanchacas de tu alma extravié mis redes.

 

Las piernas de la Virgen

Sucedió a mediados del siglo pasado, recién cumplía ocho años, y mis padres dispuestos a guiarme por el buen sendero me enviaron a ayudar en la misa de la parroquia San Ignacio. Un vetusto y hermoso recinto con un enorme atrio que todavía existe en la misma esquina, a una cuadra de la Alameda. Era noviembre y se celebraba el mes de María, en el lugar colmado de feligreses, no cabía un alfiler. Diez o doce monaguillos, vestidos con sotanas rojas, cargando un altar de madera, con la imagen de la virgen y encabezados por el señor cura, cantando kyrie eleison dábamos una larga vuelta por los pasillos. Cierta tarde nos encontrábamos en la sacristía a punto de iniciar la procesión y justo se me ocurre, no sé por qué, levantar los vestidos de María. En ese mismo instante ingresa el cura y, al verme inspeccionando las polleras de la virgen, farfullando palabras de ira, se abalanza sobre mí. Encolerizado, me desgarra la sotana y, llamándome maldito y hereje, procede a expulsarme de la comunidad religiosa, con prohibición estricta de regresar.

Bajo los vestidos solo había alambres.

 

Casas Viejas

El centro fue mi barrio. Nací en una casona enorme y antigua, con largas escaleras de madera y cada mediodía se estremecía con un cañonazo. Cierta tarde mi madre señalándome un pasaje oscuro de aspecto ruinoso dijo “Ahí vive el Cuco”. Crecí rodeado de demonios, pienso mientras camino sin apuro sobre los adoquines manchados de sangre. Se respira un aire turbio. En la esquina venden mote con huesillos. Desde un cafetín de aspecto equivoco una muchacha me hace una señal: todo es posible. En la avenida de casas coloniales se escucha ladrar perros acompañados de gritos inquietantes. Desde un espejo me saluda un fantasma. Un ser al que hace años no veo y que de ningún modo podría ser yo.

 

Una criatura de fábula

Marco Polo describe en sus viajes un ave de dimensiones exageradas, un ser legendario proveniente de otra galaxia. El mítico navegante Simbad, cierta vez  registró en la bitácora haber divisado una enorme ave de similares características siguiendo el mismo trayecto que hacían los arcángeles caídos entre Madagascar y las heladas aguas del Océano Indico. Luego los testimonios se confunden y, en alguna parte de la ruta, la extraordinaria ave cierta noche de diluvios amargos, relámpagos y turbulencias, inexplicablemente equivoca el rumbo y, sin darse cuenta, atraviesa las fronteras de la mitología. Al otro día despierta junto al caballo de Pedro de Valdivia, en la Plaza de Armas de Santiago del Nuevo Extremo. En un primer momento, desconcertada por la banalidad, el esmog y la falta de oportunidades, se engaña a si misma imitando las costumbres de otras avecillas ordinarias; por las mañanas picotea el empedrado en busca de migajas duras y desabridas, pasado el mediodía revolotea junto a las palomas en torno al alto campanario de la Catedral, por las noches, insomne, evoca episodios híbridos, vientos cósmicos y antiguas batallas donde se destrozan  dioses olvidados. Finalmente la mítica ave Rock aturdida de aburrimiento, sin ninguna esperanza de asombrar a los impávidos habitantes de la ciudad, se consigue un delantal blanco, instala un atril, encuentra por ahí un pincel que alguna vez perteneciera a Kokoshka  y, en espera de vientos interestelares, que la conduzcan de nuevo a las fértiles praderas de la creación,  pasa los días pintando rostros delante del Marco Polo.

Ángeles  rebeldes

En una página del extenso libro de la vida, alguien -seguramente algún Dios displicente- escribió que tú y yo no debíamos conocernos. Pero apenas  nuestras miradas se cruzaron en aquella velada, ambos entendimos que, en cierto extraño modo, ingresábamos a una esfera invisible para el resto. A partir de ahí la muerte se volvió real. Ignoraba si nos volveríamos a encontrar. Te imagine digitada por la casualidad o el azar. Simplemente arrojada al desierto de la existencia –como tantos- mientras te cubría ese polvo de estrellas que jamás deja de caer. Te supuse hechicera, imaginativa, caprichosa. Los porfiados segundos no volvieron a caminar. Yo aspiraba a un futuro radiante en los recintos de la alquimia, creando nuevos brebajes. Deseche la idea por inútil y pronto comencé a llevar en el bolsillo una antigua automática, herencia de un abuelo misionero. Estaba determinado a liquidar el tiempo y el espacio, también la noción de límite. No obstante el demonio de tu ángel de la guarda se las arregló para  que tu nave encallara delante de mis costas.  Apareciste  sin aviso y tus brillantes ojos me aguardaban. Aunque tú lo negaste: tu experiencia en esta materia era nefasta. Yo andaba sin buscarte, igual que tú. Y, conversaba con la muerte imbuido por la certeza de que ya nos habíamos encontrado. Bueno, por eso existe la filosofía, la religión y el tango.  Todo lo que sigue es fábula.

(Editorial Signo, Santiago de Chile, 2017)

3 Responses to “Miniaturas”, cuentos enanos de Jorge Calvo

  1. Patricia Parga-Vega dice:

    Me encantaron, mil gracias por tu pluma y por permitirme disfrutarla.
    Besos desde Bruselas.

  2. Marco Antonio Hoffman dice:

    ¡Las piernas de la virgen eran de alambre! Y por una piernas de alambre ¿fue excomulgado? Oh!
    El micro cuento nos remite a épocas donde religión y moral eran muy tomadas en serio.
    El relato, por supueato, nos deja con más de querer saber qué pasó, por ejemplo, al dar la noticia a los padres. Y la pregunta obligatoria al tema actual, religión y actuar de los lideres religiosos. ¿fue correcto lo que hizo el sacerdote?.

    Bueno, de los micro cuentos que aquí leí, este fue el que me cautivó. Un relato muy real.

    Felicidades.

  3. JEANNETTE YUBANO dice:

    Mucho juego de frases a partir del gran cúmulo de conocimientos , que posee el autor,sobre la narrativa. La vida fragmentada en momentos. Simpáticos comentarios y profundos, a la vez simples, como nuestro pasar. Acertivo! Sabe

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