Memorias  de los días en que se asesinaba libros

Por Jorge Calvo

 En el periodo del Gobierno Popular (1970-73) nuestra familia adquirió y nos instalamos en uno de los flameantes departamentos de la recién inaugurada Remodelación San Borja. En la torre 12, sobre calle Marcoleta, a pasos de Avenida Vicuña Mackenna que es justo el límite que separa Santiago de Providencia, a pasos de Plaza Italia.

En aquel momento la mía era una familia progresista, de izquierda, que apoyaba al Gobierno que encabezaba Salvador Allende. Yo trabajaba en el Ministerio de Vivienda y el día 11 me sorprendió en dependencias de CORMU, en calle Portugal, donde el día siguiente a primeras horas de la tarde junto a otros 60 funcionarios fuimos arrestados por fuerzas especiales de carabineros quienes -anunciando que nos irían a fusilar a un descampado de la Panamericana- nos trasladaron al Estadio Chile, en Alameda, aledaño a la Estación Central. Las escenas dantescas y alucinantes que presencie en aquel recinto tal vez no corresponda relatarlas aquí, solamente agregar que 3 días más tarde, en buses de locomoción colectiva y de rodillas en el suelo, se nos trasladó al Estadio Nacional, situado en la Comuna de Ñuñoa, vecino por el sur a Providencia, donde junto a otros cien prisioneros fuimos hacinados en el primer camarín, ingresando por la puerta de la Maratón. En aquel lugar resultaba imposible dormir por las noches, se escuchaban órdenes, gritos, golpes, balazos intermitentes -de noche o de día- ingresaban aparatosamente en busca de alguien o nos hacían formar en el pasillo, delante de un encapuchado que señalaba gente y se la llevaban. Una semana después, a partir del 19 o 20 de septiembre, los militares comenzaron a traer grandes cantidades de libros que apilaban afuera de los camarines. Se nos ordenó que usáramos los libros como papel toilette. Había muchos textos del Fondo de Cultura Económica, Editorial MIR, Orbe y sobre todo Quimantú. Todo tipo de libros desde El Capital de Carlos Marx bellamente encuadernado, las obras completas de V.I. Lenin, la Historia de la Revolución Rusa de Trosky, el Libro Rojo de Mao, los Cuadernos de educación popular de Marta Harnecker y libros de la Colección Nosotros los Chilenos o Minilibros de Quimantú con títulos de Thomas Mann, Chejov, Maupasant. Recuerdo claramente colecciones en papel biblia, de esos famosos libros con tapa de cuero de Aguilar, con las obras completas de Dostochevsky Y no solo había libros de teoría marxista, política o economía, también había de matemática, Cálculo, Análisis de Teoría Ajedrecística como Táctica y Estrategia de Ludek Pachman. También novelas. Y, mucha literatura. Y la orden entregada por los militares a cargo del recinto fue que ese papel debía ser utilizado para limpiarnos el trasero. Y como no había toallas muchos los usaron para secarse o limpiar. En cosa de pocos días miles de páginas desaparecieron tragados por las alcantarillas.

A mediados de octubre fui puesto en libertad y regrese a mi hogar, la Torre 12 de San Borja. Aquella misma noche, a las dos de la madrugada tocaron el timbre de nuestro departamento. Era una patrulla militar que en aquella ocasión arrestó a seis vecinos de la Torre. En nuestro departamento detuvieron a mi cuñado Jorge. Y, a los seis se los llevaron con dirección desconocida. Tres días más tarde nos enteramos que habían sido encontrados muertos como NN y conducidos a la morgue de Santiago, Jorge presentaba 17 impactos de bala en el cuerpo.

Uno de los ejecutados era Cristian Montecinos Slaughter, quien tenía 27 años de edad, residía en USA, era funcionario del Fondo Monetario Internacional y aficionado a la fotografía, se encontraba de visita en Chile, en el departamento de su padre en la Torre 12, desde donde los primeros días del golpe, inocentemente salió a tomar fotos. Pertenecía a una familia bien relacionada que se oponía a Allende y no pensó que existiera peligro. Pero gente de extrema derecha que había tomado el control de la Torre les pareció una actividad sospechosa y fue delatado y arrestado junto a los otros 5 vecinos y sin cargos ni juicio se los fusilo aquella misma madrugada.

El día 18 de septiembre militares habían acordonado y allanado el recinto de la Remodelación San Borja, buscando sospechosos y asegurando el perímetro ya que en la misma zona se ubica el edificio de la UNCTAD III que sería usado por la Nueva Junta de Gobierno. En estos allanamientos los militares sacaron libros de las casas y los quemaron en las calles delante de periodistas franceses que televisaron la noticia. También Cristian Montecinos había capturado algunas fotos. Más tarde su hermano Marcelo Montecinos, también fotógrafo consiguió reunir los rollos que se salvaron y publicó un libro con prólogo de Julio Cortázar con esas primeras fotos de la represión desatada y la quema de libros.

Y si bien han transcurrido más de cuatro décadas desde aquel aciago día que para muchos inauguro el negro periodo de una tiranía que se prolongó  diecisiete años, y hoy, varios hablan de olvidarse y nuevas generaciones nacen sin saber nada o muy poco de lo sucedido y caminan día tras días por las apacibles y bellas calles arboladas de Providencia, a mí me resulta imposible cada vez que paso frente al edificio donde atendía mi dentista en Providencia casi esquina de Seminario, no evocar aquel tiempo de incertidumbre –en que la guadaña represiva cercenaba cabezas en Santiago-, la cantidad increíble de personas que llegaba a la consulta con el pretexto de extraerse un diente cuando en realidad venían a observar y calcular las posibilidades que tenían, descolgándose por una ventana trasera, para saltar un muro y buscar asilo en la Embajada de Francia. O, al transitar por calle Miguel Claro, delante de la Legación de Italia no evocar aquel mes de noviembre de 1974, cuando agentes de la dictadura, desplazándose en sus vehículos de vidrios polarizados, en horario de toque de queda, llegaron a lanzar por encima del muro de la embajada, el cadáver desnudo de la profesora Lumi Videla, luego de haber sido salvajemente torturada, por los mismos señores que al día siguiente, correctamente vestidos de terno y corbata bebían café y conversaban despreocupadamente en los mismos cafetines, con mesitas al aire libre. Todo sumido en aparente calma y tranquilidad. No obstante poco tiempo después, a fines de marzo de 1985, en un operativo en el que participan hasta helicópteros, en plena mañana mientras escolares ingresaban a clases, detienen y secuestran a balazos al Profesor Manuel Guerrero y al sociólogo Manuel Parada desde la esquina de las calles Apoquindo con Badajoz, en la misma puerta del Colegio Latinoamericano, en Los Leones, pleno corazón de Providencia. Y días más tarde aparecen degollados en un potrero cercano al aeropuerto. Y hace tan solo cinco años atrás, en noviembre de 2011, Labbé el ex Alcalde de Providencia, facilita las dependencias del prestigioso y exclusivo Club Providencia para rendiré un público homenaje a un brigadier que fuera jefe de la brigada de exterminio del MIR y del partido Socialista

Eso significa que inclusive hoy en muchísimos centros comerciales, restaurantes y cafeterías continúan sentándose en mesas contiguas una serie de personas que ocuparon posiciones opuestas durante la dictadura. Y quizá algunos con expresión ausente en el rostro recuerdan aquellas temibles jornadas y quizá otros, los más jóvenes ni siquiera lo imaginan y solo sueñan con un futuro que brinde sorpresas agradables. Sea como fuere muchas  cosas sucedieron en la Comuna de Providencia en aquellos oscuros años; algunas misteriosas y desagradables como lo ocurrido a La Carpa en el sector de Los leones, donde se exhibía una obra de teatro llamada La Hoja de Parra, basada en textos de Nicanor Parra que fue objeto de sabotaje y ardió en llamas. Pero también sucedieron eventos hermosos que nos colmaron de esperanza y optimismo como cuando en 1981, recibimos la visita de la cantante Folk norteamericana Joan Baez, que realizó una gira por los países del Cono Sur para solidarizar con las víctimas de la represión. El Gobierno de Chile le negó la autorización para actuar en un recinto adecuado para espectáculos, entonces la Iglesia Católica puso a disposición La Parroquia Santa Gemita, cerca de la Plaza Pedro de Valdivia, en el centro de Providencia. Y, la cantante norteamericana brindo un magnifico recital ante un público juvenil y estudiantil que enfervorizado coreo con lágrimas en los ojos canciones largamente proscritas como “Gracias a la vida que me  ha dado tanto” de la maravillosa Violeta Parra.

¿Sabías que el 23 de septiembre de 1973 fue una fecha oscura en la literatura chilena?

Un grupo de militares quemo libros en la Remodelación San Borja y murió el Premio Nobel, Pablo Neruda.
Acompáñanos este sábado 23 a la instalación de un#MonumentoPúblico y participa de la feria del libro por la memoria que desarrollarán sus vecinos

 

 

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