Los materiales – Poemas – Fernando Quilodrán.


Guiado por el noble afán de colocar un libro en las manos de cada persona el Gobierno de la Unidad Popular crea en 1971 la Editorial Nacional Quimantú, que en su breve existencia llegó a publicar unos 250 títulos de los que imprimió diez millones de libros.
En el año 1972 la Editorial Quimantú convocó al Concurso de Poesía Carlos Pezoa Véliz dotado de una sólida recompensa económica además de la publicación del texto ganador en un tiraje significativo.
En aquel primer concurso –ahora legendario- se adjudicó el primer lugar la obra poética titulada “Los Materiales” del escritor nacional Fernando Quilodrán.
Se reproducen a continuación los argumentos y consideraciones del Jurado

 

Consigna el Fallo del Jurado: “El Jurado estima que la obra premiada representa una línea profundamente novedosa en el momento actual de la poesía chilena y es testimonio de los anhelos e inquitudes del hombre contempóraneo”.

 

quilodran inmigr

COSAS DEL INMIGRANTE

Estoy solo.
Se trata solamente de un dato.
Es que he cerrado mi puerta.
Afuera el tiempo se divide en infinitas vidas,
en actos, en pensamientos, en palabras,
también en otras puertas.
Se trata de que he venido de muy lejos, y estoy cansado.
Ya no soy material para la Historia.
Estoy cansado.
Conmigo no cuenten.
Oigo antiguas canciones y pienso palabras de otro idioma.
Tal vez lo mismo le esté sucediendo, ahora, a otro viejo inmigrante.
Nuestros pueblos quedaron atrás
y nuestra historia fue tan pobre que casi no nos alegra recordarla.
¡Qué afuera estábamos de lo que transcurría!
Ya entonces estábamos, ya entonces, cansados.
A pesar de los gritos y las carreras,
a pesar del amor probado en noches sin luna.
A pesar…
La mayor alegría era dormir,
instalarse en el lado mágico de la cama,
acariciar con la mejilla el frescor de la almohada.
No teníamos pensamientos, tan sólo sensaciones.
El mundo poco a poco, muy poco a poco, nos iba percibiendo.
Cuando nos dábamos cuenta de eso, nos sentíamos tristes.
Y, a veces, llorábamos.
Quizás nos interrumpieron y el mundo y nosotros no pudimos seguir hablando.
Quizás porque tuvimos que aprender el idioma de la supervivencia.
Quizás, entonces, no nos dejaron llorar lo suficiente.
Vino la partida, o mejor dicho la llegada.
El inmigrante trae tan pocas cosas…
Aprendimos los gestos necesarios, las experiencias locales.
Lo que aquí sirve para decir “tengo hambre”, “quiero dormir”, “te quiero”.
Esto era demasiado grande y todo lo hacíamos a título provisorio.
Un día el hijo, la mujer envejecida, la casa gastada nos despertaron.
Fuimos notificados de la realidad.
Se nos obligó a borrar el dibujo de nuestras alas.
Pero seguimos siendo provisorios.
Queríamos descansar al final del día
y nuestro descanso era apenas otra rutina.
Estaban los compañeros, estaba la escuela de nuestros hijos,
estaban las huelgas, estaban las alegrías
y estaba la espera.
A veces, cuando puedo, aunque con un poco de vergüenza,
cierro mi puerta y quedo solo,
oigo antiguas canciones y pienso palabras de otro idioma.
Tal vez lo mismo le esté sucediendo, ahora, a otro viejo inmigrante.
Nos tienden las manos y las estrechamos
(para que no nos sintamos tan solos, y las estrechamos).
Se trata solamente de un dato.
Lo que ocurre es que he cerrado mi puerta
y me he quedado, provisoriamente, solo.

RECUERDOS

Cuando yo tenía mis diecisiete años
con mi lealtad a cuestas
y mis cuatro pesos para el pan caliente de la calle Castro
a la entrada de Alameda;
con un odio total y un amor abierto a los cuatro vientos;quilodran calle in santiago's street
con mi pobreza endomingada de cerveza y Neruda
(el de las Residencias)
y mi Anatole de bolsillo por Ahumada;
cuando yo aborrecía con mayúsculas a los Dulles y Klein-Saks
y apenas si podía producir una pequeña cuota de plusvalía;
cuando me paraba a llorar con un niño mendigo
y alguna vez le entregué mis únicos cien pesos;
cuando el mundo era ancho y ajeno
y el amor un recuerdo que algún día estaría.
Cuando yo tenía mis diecisiete años.

Y entonces comencé a comprender lo que todos sabían
y que era Dulles cotidiano y conversaba con su jardinero,
y que los marines tenían hijos y los besaban
y les llevaban tiernos presentes desde todas las playas,
y que no era pecado mortal no tener frío mientras otros…
(siempre habrá ricos y pobres porque así fue hecho el mundo)
y que la población crece a ritmo geométrico lo que explica el hambre.
También leí que el trabajo es la fuente de la riqueza
(no me dijeron el trabajo de quiénes)
y que el odio nada engendra,
y que entre mis amigos y mis enemigos…
(lo que es muy justo);
y que no hay que ser tonto porque el que no llora…
y si quieres que te recomiende para un trabajo
tráeme un cartón, cualquier cartón pero tráemelo,
que ahora el hombre vale por lo que sabe.
De manera que vuélvete por donde has venido,
No me interesan tus necesidades, anda a conseguirte un cartón.
Y entonces ya no tenía mis diecisiete años.
La tierra se había reducido extrañamente
al tamaño de un talonario de taveller-cheks.
Yo me puse a gustar de lo bueno de este mundo
y a tener el pan nuestro de cada día.
Empezaba a estar bien,
mi familia decía que era un muchacho serio, establecido,
con plateas numeradas
y yo compro aquí porque lo barato cuesta caro,
el ahorro mal entendido y después de esta vida no hay otra.
¡Quién no ha sido comunista y poeta a sus diecisiete años!
De la pensión me había ido a otro bario
y agua caliente a toda hora,
desayuno a la americana,
weekend.
Todos éramos felices porque no hay mal que dure cien años
y la vida es linda, colega.
Yo mientras tanto y en privado
olía francamente a mierda.

POEMA DEL HOMBRE

Hablo de un tiempo muy antiguo,
cuando los hombres aún no soñaban a dios
y dios ya había dejado de soñar a los hombres.
Un tiempo suspendido en la penumbra de un mundo solo,quilodrean árbol-gitana-hombre
en la primera madrugada que sucedió a la creación.
Hablo de balbuceos, del robo del fuego,
cuando el hombre nadaba sus hazañas
en el informe vientre de la Historia.
Estoy pensando en sus primeros pasos,
cuando sus primeros dolores
inmaculados recorrieron el planeta desierto.
Cuando sobre las cosas aún no había llovido
el velo de los adjetivos;
y el horizonte opaco que no cortaba ningún velero.
Hablo de días y de meses y de años amasados
en una sola y grande y gris bola sin tiempo,
larga tensión de furias sin caminos abiertos,
sin más que un caos para por donde hubo caos.
Y allí fuiste la estancia de tosca arcilla tierna
donde moraba el hombre.
Porque un día tu rostro se ensombreció con el amor:
es que en la inmensa noche habías encontrado el temblor de otra mano.
Y desde entonces fuimos cambiando de morada.
De hombre en hombre por los siglos y los siglos.
Yo hablo de un tiempo sin dios, sin pueblo,
una época yerta
hasta que tú empezaste a exprimir el verso escondido en los ríos.
el eco de las fuentes,
los fidias de las colinas.
¿Aguardaban tu seña, tu levántate,
o es que tú los pusiste de tu propio deseo?
Hay quien sospecha que lo sucedido
en verdad fue que un dios hizo los cielos, las estrellas,
apartó las tinieblas,
y se echó a descansar olvidado del juego de sus séptimos días.
Pero de aquello soles y planetas de utilería
se levantó la densa levadura del hombre.
creatura de sus mismos deseos,
sueño de sus sueños, milagro de su propio milagro.
¡Agobiadora soledad de un dios sin hombres,
que rueda de pregunta en pregunta sin saber si nos sueña!
o dejamos sumido en los enigmas de la antropología,
y hablábamos de un tiempo muy antiguo,
cuando el hombre era apenas la morada del hombre,
arcilla impulso de descubridores,
fruto y peldaño de nuestro tiempo.

MIS VISITANTES

Esos hombres eran robustos y enérgicos
y me vinieron a ver a mi piecita de tercera
Andaba pidiendo precios por pasiones
pues se habían cansado de usarlas de prestado.
(O tal sería que ya se les notaba demasiado.)
Me dijeron que les hablara de mis instintos
Ellos llegaron son su grabadora a pilas y sus razones a cheques.
(Con lo que me pagaron por esa sesión pude comprar un libro de Queiroz
y actualizar mis deudas.)
Le hablé de mi certero instinto de no propietario,
de esa viva convicción que me invadía a cada comercio,
a cada auto,
así como a cada casa,
y aun ante los más humildes objetos: no son míos.
Les expliqué que esa certeza era la base metafísica
de mi relación con el mundo,
y por consiguiente de mi existencia.
(Creo que me entendieron porque borraron la cinta:
es seguro que para algo tan simple ellos no necesitarían acudir
a su ayuda-memoria.)
Entonces me preguntaron si era feliz.
(Previamente y con suma discreción uno de ellos había revisado mi armario
en busca de camisas.)
Yo les respondí que en verdad sí.
Yo les respondí que en verdad no.
No me agrada mi estado, caballeros, les dije;
estoy un tanto cansado de no tener nada.
Como aparentaran no comprender
(yo me di cuenta de que sólo para inducirme a continuar),
proseguí: no deseo los bienes del prójimo,
y por eso quisiera no desear los bienes del prójimo.
Y les aclaré que de todos los bienes de la tierra,
sólo deseaba todos los bienes de la tierra.
Quisiera, les insistí, perder alguna vez esta molesta relación de no-propietario
(y les confesé que a veces me daba un poquito de envidia)
y por eso sueño con sentirme alguna vez a gusto
con mi instinto de no-propietario.
Ellos comprendieron con suma amabilidad
y en seguida me preguntaron si sentía odios.
Les dije que sí, que muchas veces,
pero cuando eso me sucedía me calmaba, simplemente, odiando.
Estuvieron muy gentiles y uno de ellos me dijo al irse algunas frases amables

Y que me parecieron conocidas: algo así como “vanidad de vanidades”…
Perdone usted, señor, le dije, pero sucede que yo soy
un gran admirador de la realidad.
El más alto de los dos cerró la puerta con suavidad
y me dio a estrecharle su blanca mano.
Mi vecino me informó que se sospecha que a van a montar una candidatura.

 

AL NIÑO POBRE DE MI PUEBLO

 

Pasas por esas calles con tu mano esperando
que le hablen la limosna,
ese idioma anudado a tu exacto silencio.
Llevas una apostura de arbustillo castigado
Y las madrugadas del Hombre;quilodran niño camina a escuela

Los pies desnudos y estás sucio de hambre, de sudor y de lágrimas.
Quieres saber cuál es tu porción y tu herencia
en la tierra de los hombres,
en esta breve vida,
en esta oscura noche fría sin techo,
sin blanda cama.

Si alguien se cuida de tus lágrimas,
niño pobre de Chile, desconfías.
Y haces bien.

Es lo justo.
Que no hay mano dulce que entibie tus carnes,
no hay proclamas que puedan borrar lo que tú sabes,
no hay compasión que escabulla del frío
tus piecesitos desnudos, azulosos…

Tendrá que venir un gran viento de tempestad,
un huracán de honesta furia, una ola de escondidos volcanes revividos,
una lluvia de lágrimas y sangre,
para que tú puedas sonreír y esperar.

Toda canción será mentira.
no te halaguen enguantadas angélicas de domingo
ni el muchacho de sábado nocturno pretenda convidarte
su potente alegría.
Muchachito olvidado, tú seguirás tan serio y triste
como lo merecemos.

 

POBRE VIEJA HONESTA LUMPEN

 

Entró al restorán
avergonzada pero fuertemente instalada en su lugar de desprecio,
casi un árbol plantado en espera de conocer el nuevo viento,
sabedora de su pobreza milenaria,
de la ninguna elegancia de sus arrugas,
de su ropa de ninguna moda,
de ninguna époque,
preguntando si por algunos minutos,quilodran 1

mientras aquietaba esa hambre (y ahora que poseía un poco de dinero)
se le permitiría sentarse entre nosotros.
(Yo me sentí dueño del aire, feudal poseedor de la luz del día.)
Pero ella, la pobre vieja honesta lumpen,
¡qué bien sabía que no era como todos!
¡Cómo sabía que sus derechos eran otros!

Porque algunos derechos tenía:
la ley no la había olvidado
ni los urbanistas.

La una, en el capítulo de la profilaxis y las actividades antisociales;
Y los otros en debajo de los bancos de los parques,
donde el cemento no deja pasar nunca demasiada lluvia,
para que ella pueda dormir tranquila sus últimos inviernos.
¡Ah!, y los verdes espacios vacíos, entre las avenidas,
siempre le han sido mantel recién abierto
para su olla de tallarines y su vino
y su pan, de ayer,
qué importa.

A mi lado, y al suyo, un joven declama silencio y sed
y nostalgia de una terrible guerra,
de lágrimas heroicas reprimidas;
de esa inmensa guerra, en pocas palabras,
que nuestra tierra sin embargo no tuvo,
y que tanto hubiera explicado, significado, perdonado.

Pero la pobre vieja humilde qué sabe de eso.
Le son desconocidas así la lucha de clases
como el lento strip-tease del sacro colegio de cardenales,

y está sentada al lado afuera de la Historia,
como si del tiempo fuera una escoria.
Se me ocurre un verso para la ocasión
y lo diría si pudiera, aquí y en mil novecientos setenta y tantos,
reaccionar románticamente contra los escolásticos y los best-sellers:
“sólo deberían escribir los que tuvieran
el estómago lleno de estrellas”.

Pero no vale.

Hay soluciones huérfanas de problemas.

También quisiera pagar su vino,
pero por qué si se trata de su sed,
(no de la sed universal)
y cómo ensuciársela con una permitida contingencia en mi ordenada vida,
que me permite a veces, a condición de no pensarlo mucho,
ser generoso.

Y ni siquiera era fea, ni siquiera hermosa,
ni repulsiva aunque pudiera detener media hora
el importante tránsito de la calle Ahumada,
desafiando impúdica la ley y el orden,
con más fueros que los escasos de un ilustrado ciudadano
constantemente expuesto a la miopía de los semáforos.

¡Ah!, pobre vieja honesta lumpen,
ya sin nadie ante quien sentir vergüenzas,
sin espejos,
sola,
con las escasas palabras necesarias
para pedir la limosna en la escalera de las catedrales,
cuando es más cómodo descargar el bolsillo del peso de una moneda
que sostener la mirada que te pregunta por tu utilidad
y por el mayor derecho que tienes sobre el lugar que ocupas.
Iniciada en los misterios del hampa, que le es vecina,
nostálgica sin embargo de su alguna vez sospechada condición humana.
¿Y a qué hueles, hermana en Dios?

Seguramente no a peluquerías, pero tampoco a hospitales.
y entonces del capítulo olfatorio puedes salir satisfecha.
Como no tienes nada.
Como fuiste dejando todo, perdiendo todo,
(las esperanzas, que ciertamente llevaste en tus bolsillos;
la juventud, que habitó tus brazos y los forjó a su manera,
y algunas amistades, compañeras de nocturnidades no elegidas),
llegó el instante
en que sólo fuiste tú.
instante cuando podías detenerte en cualquier lugar
y cerrar los ojos y cantar
y expeler una presencia rehuible
para no estar obligada a ver
ni a oír,
ni a ser tocada
(ni activa ni pasiva),
rechazando las agresiones que pretendían someter tus sentidos a sus horarios,
a sus modos codificados como una fatalidad,
y te quedaste, pobre vieja honesta lumpen,
sola.
Esencializada.

Y en verdad os digo que estar solo es estar con todos.
Y en verdad os digo que carecer es gozar la abundancia.
Y yo te digo, en verdad, hermana vieja,
que no tener nada es compartir el todo
(es no tener compromisos).

Pero te digo también que es triste,
dramático tal vez,
trágico diríamos si estuviera la decoración adecuada,
no tener con quién compartirlo.
No tener con quién no tener.
Quiero decir, no tener otra soledad, así elaborada,
y con ella compartir el mundo,
no tener a todos los hombres, ¿me entiendes?

Quiero decirte, no tener un universo dispuesto
a ser así poseído,
porque,
y parece evidente,
no existe ese universo,
ni siquiera esa soledad (que no sería soledad),

porque,

porque, vieja honesta lumpen,
no puedes, no puedes,
tú no puedes,
y pensar que tuviste una infancia,
no me desmientas,
y dos lustrosas trenzas celebradas,
y que en el cuarto de maderas y grietas
(tú y tus hermanos, tus padres, tus abuelos)
apenas cabía el dormir, tan lleno estaba de tus sueños.

Pero estás, limpia habitante, estás,
y la belleza de esta tarde te necesita y es contigo.

Parece como si no supieras, pero eso no es cierto,
tú me engañas,
¿verdad, vieja, gastada, limpia, honesta hermana cargada de silencios?

 

CARTA PRIMERA

 

Mi querida amiga, son casi las dos,
dentro de poco la cordillera estará absorta de blanco
y yo habré dormido mis horas reglamentarias.quilodran

Santiago está muy cansado del invierno
y con su vientre destapado espera que le instalen
el metro en las entrañas.
Como yo soy poeta debo escribir poemas
porque para eso estamos cada uno en el mundo.

Tú cumples tus deberes, él cumple sus deberes,
nosotros también somos explotados.

Que así se conjuga la vida en modo y tiempo capitalistas.
Johnson mataba, Nixon asesina, los pueblos resisten.
El Eximbank y los marines nos abarcan
En uno y atormentado universos de dólar y dolores.

¡Así no sea más!
¡No amén, no amén!

Pero sí amen y amo y amémonos y se amen.
Por los siglos de los siglos así sea.

Aunque no era de amor que yo venía a hablarte,
circulan diversas versiones sobre la materia,
pero no se trata, créemelo, de disponer sesenta ramilletes
para los sesenta balcones.

Yo quería decirte que estoy muy bien
y pareciéndome cada vez más a mí mismo
en esto de ser y no ser.

Ahuecando mi mano para que bulla el mundo
desintegrado en trueque de viajeros fernandos.

¡Contradicción de contradicciones y todo contradicción!

Por eso, examinando mis fotografías, compruebo que soy casi un censo.
Como en la vieja fábula del río
(todo fluye, se desvanece, pasa),
no sé muy bien si el que ha cambiado soy yo
o los tantos ojos con que miro.

En todo caso si nos encontráramos alguna vez
creo que me reconocerías por mil pequeños detalles.

Cojeo, por ejemplo, de ambos pies pero no se me nota.

Sucede que tengo anomalías simétricas,
lo que me permite disimular a la perfección que soy hombre,
algo muy peligroso en estos días de siglas y de roles.

Ya te he dicho que necesito escribir
y me disculparás si contigo algo estilo
para cuando tenga en verdad algo de que hablar.

Yo no sé lo que es esto: si antipoema o nada,
pero sí que la poesía debe ser una reflexión
encaminada al corazón,
para lo cual debe rimar rigurosamente
con los latidos de su tiempo.

Permíteme saber de ti
y te aseguro un verso de esmerada factura
y sentimental eco para tus tardes de spleen.
Y por ahora me despido.

Ha sido un gusto muy grande estar contigo,
hablarte,
y si no me contestas me enojaré demasiado
y en una próxima sin falta
te pondré de verso y medio.

.

Fernando-Quilodrán

Fernando-Quilodrán

 

 

Primer Premio Poesía 72 Quimantú. Concurso Carlos Pezoa Véliz
Fernando Quilodrán
Curepto – 1-2-1936.

 

3 Responses to Los materiales – Poemas – Fernando Quilodrán.

  1. Jorge M. Villalobos Gálvez dice:

    Estimado amigo Quilodrán: Gracias por recordarnos que no estamos solos en este mundo. Está la poesía haciendo guardia. La poesía que no claudica. Gracias por hacernos recordar una vez más que la poesía es subversiva. Sus versos me hicieron recordar cuando paseaba de adrede por la alameda de mi pueblo adolescente; pateando hojas amarillentas, buscando entre sus huellas todas las preguntas, la explicación a todos los dolores, a todas las penas, a todos los nombres en afirmativo.
    Jorge M. Villalobos Gálvez

  2. José Miguel Ortiz Suárez dice:

    Estimado y querido amigo, estoy sumamente agradecído de leer estos textos que me devuelven a remotos tiempos, donde el llanto no era por mi, sino por los caídos y los que dejában la amada tierra. Un fraterno abrazo, y agradezco haberlo conocido.

  3. PABLO ANDRÈS RUIZ. dice:

    HERMOSOS POEMAS LO FELICITO

    PROFESOR ESCRITOR POETA
    PABLO ANDRÈS RUIZ YÀÑEZ

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