La luz después de 40 años

Por Jorge Calvo y Edgardo Mardones V.

 

Editorial Signo

El Museo de la Memoria anuncia para el próximo 24 de abril la presentación del libro La libertad no es un sueño, Memoria poética. Se trata de un libro que reúne poemas y letras de canciones escritas o publicadas en los tiempos de la dictadura. A modo de subtitulo y presentación, otra frase establece: De exilio, cárceles, campos de concentración y poesía clandestina. Sin duda un libro con una historia fascinante en la que se entrecruzan los destinos de muchos seres humanos provenientes de distintas culturas e idiomas pero unidos por un propósito común: rendir testimonio de la barbarie y la injusticia. Tiene un prólogo de Julio Cortázar y fue compilado por el entonces diplomático y Doctor en Literatura Hispanoamericana, profesor emérito de la Sorbona Raúl Silva-Cáceres junto al escritor Edgardo Mardones y, muchos años más tarde, para la edición definitiva, la colaboración del escritor Jorge Calvo.

Lo primero que atrapa la atención del lector es la imagen de un dibujo de José Venturelli en la portada del libro. Luego, una rápida hojeada a las páginas -o al índice-, nos lleva a descubrir la presencia de autores como Gonzalo Rojas, Fernando Alegría, Roberto Bolaño, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Ariel Dorfman, Sergio Infante, Antonio Skarmeta, Omar Lara, Floridor Pérez, Jorge Montealegre entre muchos otros, además de una serie de poemas anónimos, y, entre las canciones, letras de Osvaldo “Gitano” Rodríguez, Patricio Manns o Genaro Prieto. Entonces el lector desprevenido se pregunta ¿Cómo fue posible reunir esa cantidad de nombres? ¿Cuándo y por qué escribió Julio Cortázar el prólogo? Y, por último, ¿por qué razón este libro permaneció tantísimo tiempo sin publicar?

Dar respuesta a cada una de estas interrogantes significa embarcarse en una apasionante odisea…

En los orígenes

 

Skarmeta-Dorfman Mardones – Silva-Caceres

En conversación con uno de los compiladores originales del libro, el escritor Edgardo Mardones, autor de los volúmenes de cuento Caperucita desnudando al lobo e Inocencia, nos relata que corría el año 1971 cuando él llega desde Valdivia a estudiar Pedagogía en Castellano al legendario Pedagógico de la Universidad de Chile, en la Avenida Macul, Ñuñoa, lugar donde conoce y tiene como profesores a los escritores Antonio Skarmeta y Ariel Dorfman. Era la época en que El Doctor Salvador Allende gobernaba el país, soplaban vientos de cambios y para un joven estudiante era muy difícil no involucrarse en un proyecto de “mayor justicia social”. Entonces Mardones se incorpora al MAPU y tiene una activa participación en las actividades de su tiempo. Luego del Golpe de Estado, bajo amenaza de muerte, opta por el exilio y vía Buenos Aires el año 1975 llega a una pequeña ciudad universitaria en la Alemania Federal, allí participa de las actividades solidarias, pública su primer volumen de cuentos y mantiene un asiduo contacto con Skarmeta y Dorfman. Algún tiempo después, al año siguiente, conoce a una muchacha sueca a la que –enamorado- sigue hasta la ciudad de Estocolmo.

Una vez en la hermosa capital de Suecia, Mardones, entre otras cosas, por encargo de Skarmeta y Dorfman, entra en contacto con Raúl Silva-Cáceres, su esposa la profesora universitaria y doctora en antropología Birgitta Leander quienes a poco andar introducen a Edgardo con un personaje que tendrá un decisivo rol en la compilación de este libro; la famosa traductora y escritora sueca Sun Axelsson, quien, como se verá, ha tenido y mantiene una especial relación con Chile que se expresa en una fluida correspondencia con escritores que permanecen en el país ocupado por la dictadura. Y, por esas extrañas coincidencias de la vida, o “sincronías” como prefiere llamarlas el mismo Mardones, él queda viviendo en la misma calle de Sun Axelsson, lo que significa que se convierten en vecinos y además, todos ellos juntos: Raúl Silva-Cáceres, Birgitta Leander, Sun Axelssson y Edgardo Mardones crean el Centro de Defensa de la Cultura Chilena y allí –junto a otras personas- trabajan codo a codo.

El factor Sun Axelsson.

  En el año 1959 Nicanor Parra –connotado poeta en ese momento- viaja a Suecia invitado a un encuentro de poesía. Ahí conoce a Sun Axelsson que se encontraba de novia con el poeta sueco Lasse Söderberg, no obstante ella se apresura a concluir la relación cautivada por el poeta chileno, veintiún años mayor. Entonces ella tenía 24 y Parra 45.

  Concluido el encuentro de poetas, Nicanor Parra retorna a Chile, pero a los escasos días es sorprendido por la escritora sueca que inesperadamente se presenta a golpear la puerta de su casa en La Reina. El padre de la anti-poesía –casado con otra sueca, Inge Palme- la recibe gélido, su esposa ha descubierto el romance y amenaza destruirlo.

  Según diversos testimonios de otros escritores (Teresa Calderón, Sergio Badilla, el mismo Edgardo Mardones) que han tenido la suerte de conocer de cerca a los personajes involucrados, a partir de ese instante se inicia una relación tormentosa que la misma Sun Axelsson refiere en su novela autobiográfica La estación de la noche, (RIL, 1995) donde evoca cosas bellas pero también cosas terribles. Por ejemplo cuenta que Parra “siempre cerraba la puerta con llave y la dejaba encerrada”. Como se quiera que sea, ella de todos modos ha declarado que el anti-poeta fue el amor de su vida.

Sun Axelsson y Nicanor Parra

Un día Sun Axelsson cae enferma de gravedad, es internada en la Clínica Indisa y al salir de alta recibe la ayuda del poeta Jorge Teillier, responsable entonces del Boletín de la Universidad de Chile, y de su esposa, Sybila Arredondo. Más tarde conoce a Neruda y Jorge Edwards. Sun Axelsson, poeta, narradora y académica, ya de vuelta en Suecia se convierte en la primera traductora de Pablo Neruda y más tarde ha llevado al idioma sueco poemas de Jorge Teillier, Raúl Zurita, Heddy Navarro y Teresa Calderón. Tras el Golpe Militar de 1973, se vincula activamente a los poetas chilenos exiliados, mantiene correspondencia con sus amigos en el interior y despliega una activa solidaridad con Chile. En 1998 recibió la Medalla Gabriela Mistral por su labor de difusión de la literatura chilena.

Durante los años 1976-77 recibe a muchos escritores chilenos y latinoamericanos que desfilan por Estocolmo y muchas veces les da cita en el departamento de su vecino Edgardo Mardones, simplemente porque es un poco más espacioso que el suyo propio. De este modo se reúnen y conversan en aquellas veladas, Ariel Dorfman, Jorge Edwards, Vargas Llosa, Nemesio Antúnez, quienes, cada uno por separado o de común acuerdo, comienzan a gestar la idea de publicar un libro que denuncie, desde el lenguaje poético, las atrocidades que se comenten en Chile y convoque la solidaridad internacional. Un libro muy similar a otro en el que antes han trabajado Raúl Silva-Cáceres, Birgitta Leander y Sun Axelsson.

Raúl Silva-Cáceres y Birgitta Leander.

Birgitta Leander Raúl Silva-Cáceres

En el arduo y escabroso proceso de intentar reconstruir esta historia, considerando además la cantidad de tiempo transcurrido y que muchos de sus protagonistas ya no se conservan con vida, Edgardo es claro y categórico al señalar que ciertos aspectos él también los conoció de oídas, ya que cuando él ingresa en escena, esta historia ya hacia algún tiempo que se había iniciado en Paris…

Al punto que, hace muy pocos días atrás, Edgardo les ha escrito un e-mail a Raúl Silva-Cáceres y su esposa Birgitta Leander solicitando colaboración en la tarea de evocar:

Y transcribimos aquí literalmente la respuesta que ha recibido:

“Estimado Edgardo: con saludos especiales también para nuestros amigos Ariel y Antonio,

Te agradezco infinitamente habernos enviado la invitación para la presentación de la antología poética de la resistencia bajo la dictadura; “La libertad no es un sueño”, que hicieron Raúl y tú conjuntamente en Suecia durante esa época triste, tú como refugiado en Estocolmo y Raúl por haber perdido su puesto diplomático en París al llegar al poder en Chile la junta de Pinocho. Me habría encantado que Raúl hubiese podido aceptar ir a Chile ahora para poder estar presente en esa presentación del 24 de abril, pero como estamos invitados nuevamente los dos para dar conferencias en México sobre nuestras especialidades respectivas, durante los meses de abril y mayo de este año, por desgracia no va a ser posible.

En cuanto a las preguntas que haces acerca de cómo fue que Raúl consiguió el prólogo que hizo Julio Cortázar para ese libro y además, ¿Cómo logró juntar todos esos poemas? que por casualidad yo encontré hace poco en nuestro sótano de París, voy a intentar resumirte lo que me dijo Raúl al respecto. Y hago copia de este mail también para nuestros apreciados amigos, Ariel Dorfman y Antonio Skármeta, ya que Raúl dice que fueron principalmente ellos dos los que consiguieron la mayoría de los poemas contenidos en ese libro. Y tal vez es posible que ellos puedan agregar alguna información acerca de cómo llegaron aquellos poemas… También recuerda Raúl que en uno de nuestros viajes entre Estocolmo y Paris nos detuvimos a recoger todavía varios poemas más para ese libro, en Amsterdam, en donde estaba en ese momento refugiado Ariel, dando clases en la universidad.

En cuanto al prólogo de Julio Cortázar, Raúl dice que le llamó por teléfono desde Suecia a París para pedirle a Julio que escribiera un prólogo para el libro -el plan en esa época era que se publicara en sueco todo eso, lo que nunca se hizo, a pesar de que Sun Axelsson, yo y otras personas habíamos terminado de traducir casi todos los textos al sueco – Julio envió a nuestra casa en Estocolmo aquel prólogo. Porque ya éramos muy amigos de Julio desde París y Raúl había tenido la costumbre de encontrarlo con frecuencia en el café, donde solía ir Jean-Paul Sartre y otros intelectuales franceses – la “Closerie des Lilas” en el Boulevard Montparnasse – para conversar con él sobre diferentes cosas.

De hecho ya habíamos colaborado anteriormente con Julio en torno al otro libro sueco, Vittnesmal om TERRORN I CHILE (Testimonios sobre el Terror en Chile), publicado luego en inglés en 1974 por Merlin Press, en Inglaterra con el título de Evidence on the TERROR IN CHILE (Evidencias del Terror en Chile)- esa antología de testimonios, que Sun Axelsson y yo habíamos grabado y transcrito en ese libro, al cual Raúl le agregó un análisis político, con un prólogo escrito por el Embajado Harald Edelstam. Como Julio Cortázar en ese momento estaba haciendo un libro similar de testimonios en París con otra gente, al proponernos la Editorial l’Harmattan que Julio y nosotros juntásemos nuestros diferentes testimonios en un solo libro, justo en el momento que yo estaba dando a luz en un hospital parisino, le pedi a Raúl que trajera a Julio al hospital para discutir la cosa con él. Y allí en ese hospital, con Raúl y Julio sentados en mi cama discutiendo, le dije muy firmemente a Julio que – por muy famoso que fuera él – como ese libro conjunto iba a tener unos 80 o 90 % de testimonios recogidos por Sun y por mí y sólo el resto por Julio y sus amigos, Sun y yo no íbamos a permitir que se publicase como un libro de Julio Cortázar. Julio aceptó mi argumento y decidió que todos los nombres de colaboradores -de los que habían recogido testimonios, aquellos que los habían traducido o escrito a la máquina, todos iban a tener sus nombres en una lista alfabética, con su apellido Cortázar baja la letra C. Así fue como al fin se publicó ese libro por la Editorial “l’Harmattan”, hecho conjuntamente con Cortázar en francés, también en 1974, con el título de Chili, le dossier Noir (Chile: El Dossier Negro) Y, como autores, figuraba todo el colectivo con sus nombres en orden alfabético.

De modo que con este libro “Chili; le dossier noir” nos volvimos muy amigos con Cortázar y le fue fácil a Raúl llamarlo simplemente por teléfono a París y pedirle que escribiera un prólogo para el libro de poesía de la resistencia, “La libertad no es un sueño” 

De modo que Ariel Dorfman y Antonio Skarmeta, cada uno por su lado solicitaron y recopilaron poemas, en tanto por su parte Sun Axelsson y Edgardo Mardones, a su vez también, vía correspondencia con Chile, recibían poemas del interior y gradualmente fue tomando cuerpo un libro. A esto se suma la colaboración que prestaron artistas plásticos como José Venturelli, Roberto Matta e Irene Dominguez. No obstante la labor de traducción no fue sencilla, muchos giros idiomáticos o el significado de algunas expresiones típicamente chilenas se perdían al ser traducidas, de modo que el libro también contiene -en carácter de documento anexo- una carta que deja constancia de esto y solicita además la posibilidad de pedir un nuevo poema a su autor.

Y de este modo transcurriendo el tiempo… el inexorable tiempo…  Y, como las vidas y los proyectos personales continúan su inevitable curso, alrededor del año 1984 Edgardo Mardones retorna a Chile y pierde contacto con Raúl, Birgitta y Sun Axelsson y no vuelve a recibir noticias sobre el destino del libro.

Nuevos antecedentes

Jorge Calvo

A fines de los años 70, Jorge Calvo –que escribe estas líneas- permanece en Chile.  Y puedo contar que -entre otras actividades- participo en el Taller Literario que Martin Cerda dirige en el Goethe Institut y me desempeño como editor de narrativa en la mítica Revista Literaria Huelen que en los aciagos tiempos de la dictadura alcanzo a sacar 14 números en un periodo de cinco o seis años. En aquellas circunstancias, un día recibo en la correspondencia un volumen de cuentos que llega desde Alemania y que lleva por título “La Caperucita desnudando al lobo”, firmado por Edgardo Mardones. Al leerlo constato que tanto por el manejo de los temas, así como el uso del lenguaje, la influencia de Cortázar nos emparenta. Recuerdo haber escrito una reseña positiva sobre el libro que publicamos en la Revista Huelen.

Sin embargo aún deberían transcurrir varios años antes de que tuviera oportunidad de conocer el año 1985 a Edgardo Mardones, en persona, en Santiago. A fines del año 1986 yo también me fui a Suecia y no regrese hasta el año 2.000. Durante aquel periodo no supe nada más de Edgardo y todavía transcurrio bastante tiempo más hasta que una mañana del año 2010 nos encontramos en el departamento de Derecho de Autor, inscribiendo libros. Como suele suceder en estos casos intercambiamos e-mail y continuamos conversando virtualmente sobre literatura y diversos proyectos escriturales. Hasta que un día se nos ocurre formar una editorial. Todo esto paso a paso, en el intertanto se fue de un soplo otro año. Un día conversando en mi casa Edgardo Mardones me cuenta que existe un libro. Un libro con prólogo de Julio Cortázar que él y Raúl Silva-Cáceres compilaron hace muchísimo en Estocolmo. Un libro que ahora se encuentra en Paris.

A modo de desenlace

Edgardo Mardones, casi sin inmutarse, cuenta que últimamente, a raíz de la magia de la tecnología, de la comunicación instantánea, de los e-mail y los messengers y especialmente por el Facebook, un buen día le apareció en la columna de amigos sugeridos, y, amistades en común el nombre de Birgitta Leander, sin apresurarse posiciono el cursor, clicó aceptar y, en menos que canta un gallo, después de más de 25 años, volvió a estar comunicado con Birgitta Leander y Raúl Silva-Cáceres.

Establecieron -felices por el reencuentro- una fluida relación, con e-mails diarios o semanales y noticias sobre novedades familiares, cambios de casas y de países y amistades comunes, hasta que Raúl Silva-Cáceres, envía unas palabras en las que dice que entre sus muchas mudanzas, encontró por casualidad, en una bodega, “una caja con los poemas del libro aquel”. Y, pregunta que ¿qué piensa Edgardo? ¿Será posible publicarlo hoy en Chile?

A fin de cuentas constituye memoria, son un conjunto de textos referidos a uno de los momentos más cruciales de la Historia del siglo XX en Chile.

¿Se podrían olvidar?

4 Responses to La luz después de 40 años

  1. Este resumen de lo que pasó para que naciera, 40 años después de su concepción, el libro A LIBERTAD NO ES UN SUEÑO, es absolutamente maravilloso y perfecto, No tengo nada que agregarle, porque no podría haber sido escrito major de lo que está. Hasta han logrado incluir la increible aventura de mi amiga y colaboradora de Estocolmo – por desgracia desaprecida desde ya un poco más de un año – Sun Axelsson y su gran amor Nicanor Parra. ¡FELICIDADES! Y saludos a todos, incluyendo a Antonio Skármeta y a Ariel Dorfman, que espero participen también de alguna manera en la presentación del libro. Birgitta Leander y, sobre todo, con los saludos de Raúl Silva-Cáceres, en este momento preciso ausentes de París para dar conferencias en México.

  2. Adhiero profundamente a este encuentro de fábula inescrita. Sólo Jorge, de las personas nombradas en la exposición, sabe de cuán al filo de navaja deslizamos nuestras vidas en aquella época para permitir que nuestros espíritus alertas pervivieran y pudieran hablar con el tiempo. “Huelén” fue un acto de arrojo -a pesar de que estábamos estrictamente controlados- para decir cosas incomprensibles para los buitres que carecen de capacidad de lectocomprensión. De Edgardo, poseo un ejemplar de “El lobo…”, que en aquella época valoricé como un eslabón de acero que mantenía el apego a la tierra nacida, aquella tierra que no logran aplastar ni terremotos ni dictadores de ninguna época (su garra aún está presente).

    • genaro dice:

      Yo tambien estimado Hernan se el filo que tenia la navaja en esa época de Huelén, de las Tertulias en Blanco encalada con Av.España donde asistia acompañando a Jorge, yo iba con mi guitarra,me acuerdo de una particularmente agradable en su “conspiracion intelectual” con la presencia de Raúl Zurita acompañado de Diamela Eltit

  3. Edgardo Mardones Iribarren dice:

    Qué maravilla amigo H. Ortega-Parada, que conserves un ejemplar de la Caperucita desnudando al Lobo, agradezco tus palabras.
    Y una pregunta:
    ¿Dónde y cuándo conseguiste el libro de la Caperucita?
    Un saludo afectuoso, y si estás en Santiago por supuesto que estás invitado a la presentación que haremos del libro “La Libertad no es un sueño”,a efectuarse en el Museo de la Memoria el día miércoles 24 de abril a las 19 hrs.
    Edgardo

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