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Academia del Lunfardo

Miembros de la Academia Porteña del Lunfardo – La Nación- 27 de enero de 1974

El lunfardo, en sencilla definición, no es más que un repertorio de voces, muchas de las cuales fueron traídas por la inmigración, para comenzar, después, a desarrollar una existencia paralela al habla común y terminar, en no pocos casos, siendo asimiladas por nuestro lenguaje familiar y coloquial.
El 21 de diciembre de 1962, cuando nos estábamos despidiendo del tranvía, unos hombres amantes del estudio de esas voces y expresiones populares, resolvieron seguir siéndolo, pero de un modo más enfático y aplicado: fundaron la Academia Porteña del Lunfardo.
Sabiendo que, adaptar a nuestra manera de ser y de sentir no pocos de los vocablos de nuestra “parla madre” (que es el castellano), y el ir sumando voces a los entresijos del idioma, es una tarea de la que siempre se ha ocupado el pueblo, la Academia adoptó entonces el emblema que representa un farol del alumbrado público, circundado por un lema que encierra esta elocuente definición: “El pueblo agranda el idioma”.
En la imagen adjunta se ve a los miembros de la Academia Porteña del Lunfardo posando en plena calle, frente a la que fue la segunda sede de la Institución (Lavalle 1537). La fotografía fue tomada por Norberto Mosteirín, fotógrafo del diario La Nación, el sábado 8 de diciembre de 1973 y publicada en la revista cultural de dicho diario, el 27 de enero de 1974.

Naranjo en flor – Tango 1944

Eterna  y vieja juventud

 

Homero Expósito ha amasado su estilo en la imposible confluencia de dos actitudes de tango, de poesía y de porteñismo radicalmente divergente.Al romanticismo  medio criollón  – romanticismo con alpargatas y sombrero criollo de Manzi. Repristinador de alucinados paisajes al fondo de los Charcos de Pompeya, suscitador de misterio en el meridiano pobre de Boedo. El lo entremezcla con el grotesco dramatismo de Discepolin- grotesco de sombrero gacho y botines con agujeros  y en agujero un cascabel- cantado  con las angustiosas alteraciones interiores de un hombre que esta solo y espera en clave.

De esta casi inaudita yunta de influencias y porque las influencias no son si no “fatalidades de la afinidad” : me lo regala una tarde Raúl Gonzáles Tuñón  Decanta Homero Expósito su verso enteramente nuevo dueño de su voz y dueño de su fantasía, que es una de las pocas maneras de ser dueño de la propia vida.

Horacio Ferrer

Los mareados.. la poesia censurada

Rara…

como encendida

te hallé bebiendo

linda y fatal…

Bebías

y en el fragor del champán,

loca, reías por no llorar…

Pena

me dio encontrarte

pues al mirarte

yo vi brillar

tus ojos

con un eléctrico ardor,

tus bellos ojos que tanto adoré…

Esta noche, amiga mía,

el alcohol nos ha embriagado…

¡Qué importa que se rían

y nos llamen los mareados!

María -Tango 1945

 Horacio Ferrer  escribe en  ” El libro del Tango” Arte popular de Buenos Aires

Cátulo es ante todo bueno, en el ancho de sus evocaciones

“Todas las noches, en casa, después de la cena papá nos hacia recitar a Rubén Darío, y Azul y Prosas profanas eran nuestras últimas oraciones para irnos a la cama confortados de poesía. Otras veces nos hacía emplanar ristras endecasílabas bajo la tutela de su pasmosa facilidad de verificación, y ese aire de rimas y maneras estróficas, desde una silva a una octava real y al metro casi conversados de los romances lo respire desde chico”
Y a continuación agrega.
Músico antes que poeta jamás se despeja del músico, que entremezcla un cordal de *Berchstein*  a los fierros de su vieja Underwood sus estrofas quedan como sonorizadas por un canon armónico ordenador invisible de su invisible rimero-
Hasta enjugados en música o leídos en voz alta, los versos de Cátulo Castillo cantan del atando su congénito melodismo

“Tus ojos eran puerto que  guardaban ausentes…”

* se refiere a los pianos  Berchstein.. haciendo una metáfora con su maquina de escribir que usaba Cátulo Castillo

Yuyo Verde

Divagaciones a la sombra del tango

Video realizado en la Sociedad De escritores de Chile con la partcipacion del poeta Edmundo Herrera presidente de la Sociedad  en 1973… El Tango nos ocupa y nos renueva