Arte rigurosamente vigilado

patio eao“Cuando miro los rostros

tras el vidrio empañado

sin saber quienes son, donde van.

Pienso en ti

mi vida, pienso en ti.

En ti compañera de mis días

y del porvenir

de las horas amargas

y la dicha de poder vivir.

Laborando el comienzo de una historia

sin saber el fin.”

Cuando voy al trabajo  Víctor Jara.

¿Qué quedo de todo aquello? me preguntas… y quieres que hable, que evoque cosas y te cuente de los setenta. Sí, claro… a pesar de los años transcurridos me acuerdo como si hubiese sido esta misma mañana. Para ser justo debo señalar que hoy existe un poco más de libertad, se puede salir a las calles, gritar consignas, izar lienzos, banderas y todo eso… Pero te advierto que entonces era muy distinto. Aquellos fueron tiempos difíciles, al comienzo no te atrevías ni a respirar. ¿Qué te digo? Si por rayar un muro o dibujar un grafiti te podían sacar los ojos o simplemente hacerte desaparecer. Yo estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios de la UTE y veníamos de un periodo de turbulencias, con manifestaciones multitudinarias, lecturas, alegatos apasionados, festivales de cine. Eran días de canto, vino, teatro y empanadas. Estábamos en marcha, quisimos cambiar unas cuantas cosas: En el fondo tener más poder de decisión. Participar. Estar ahí o aquí si se quiere. Pero como sostiene el tango: toda carta tiene contra y toda contra se da… En ese mismo instante los militares le declararon la guerra al pueblo, se tomaron el poder y –como dijo el poeta- Una mañana todo estaba ardiendo… Ocurrió un martes 11. Aquel día éramos muchos en la Universidad, qué te digo: mil quinientos, dos mil, tres mil tal vez. No lo sé… El asunto es que nos llevaron a todos detenidos. Lo recuerdo como un día extraño, de nunca acabar, situado fuera del tiempo. Pasamos la noche en vela, tiritando, en el patio de la Escuela. Se escuchaba a la distancia una intensa balacera. Parecía que la ciudad estaba en guerra. También se disparaba en contra nuestra. Un tiroteo que no te digo y, conste -sin que nosotros tuviéramos nada para responder-. Imagina tú que éramos estudiantes y profesores esperanzados en que el Ejército no se matriculara en tamaña tragedia… Ingresaron de madrugada. Nos amontonaron en el patio de la vieja Escuela de Artes y Oficios. A golpes de culata, a escupitajos, tratándote como si tu existencia tuviera menos valor que un pepino, me invitaron a formar fila. Y allí, delante mío, pude ver por primera vez la inconfundible melena rizada que Víctor Jara usaba por aquellos días. Victor-Jara-2Víctor era muy conocido pero aun no tenía esa estatura mundial que alcanzaría con los años. Recuerdo su melena recortándose contra los edificios de la Villa Portales. Nos sacaron por atrás. Una interminable fila de buses interurbanos nos aguardaba en la Avenida Sur. Una vez arriba nos obligaban a ponernos de rodillas delante de cada asiento, supongo que para no ser vistos desde afuera. Había toque de queda desde las dos de la tarde del día anterior. El azar quiso que mi bus se detuviera un instante delante de la Casa Central, me las ingenie para mirar, había quedado en ruinas, no se veía ni un solo vidrio intacto. Daba la impresión de haber sido bombardeada. En el estadio Chile vi a Víctor por segunda y última vez. Ahí me toco presenciar cosas que no podre olvidar jamás; a sangre fría ultimaron a un joven que muchos conocíamos, solía merodear por la Estación Central en busca de monedas para comprar algo de comer. Había abandonado su sitio sin saber que -como a todos nosotros- se le acusaba de “traición a la patria”. También recuerdo a un hombre, un obrero que se arrojo al vacío, buscando tal vez una salida rápida de aquel infierno… Y por aquellas cosas del azar -de golpe- nombran a Víctor Jara y a otros, como personas que portaban armas de fuego… entonces intuí que lo liquidarían. (Y lo más impresionante de eso no era lo que vociferaba su Jefe sino el silencio que se producía en todo el Estadio y por supuesto el miedo que se transmitía, pero a pesar de eso, entre nosotros, habían grandes gestos y recuerdo que el poco café caliente se repartió entre todos y también recuerdo la actitud paternal de los que me rodeaban y que cada cierto tiempo me decían desde su asiento: duerme cabro, duerme… rememora Javier Goh) Como al tercer día empezaron a trasladarnos al Estadio Nacional. Lo que presencie y viví en aquel recinto no te lo voy a contar porque de eso se ha escrito demasiado. Pero si te voy a decir que el día que pudimos regresar a clases encontramos la Universidad ocupada por los militares y nadie se atrevía a decir palabra. Reinaba el silencio. Un silencio espeso como el hielo, se podía cortar con cuchillo.

Nadie se atrevía a reunirse, nadie osaba siquiera hablar… Antes la radio de la Escuela al mediodía ponía por los altoparlantes música de Los Iracundos, de Piero: si vos te vas… mi amor si vos te vas… quiero que te acuerdes… me recuerdes… Lo cambiaron por los Huasos Quincheros y por los parlantes salía: Si vas para Chile te ruego viajero le digas a ella que de amor me muero… Y hasta eso lo encontraban subversivo. A alguien se le ocurrió que esa canción aludía a los que partían al exilio. De modo que la mayoría de las veces lo único que había era silencio. Un silencio absoluto y opresivo que ocupo completamente todo el año 74 y se prolongo como hasta mediados del 76 que fue cuando a los muchachos que les gustaba cantar y guitarrear, con Genaro Prieto a la cabeza, se les ocurrió hacer una Peña en el comedor de la Escuela.

GenCantor-De-Oficio-coveraro era un cantor conocido, venía de una familia de musicantes y ya había compuesto aquella canción, El hombre del sur; Don Nicanor/ vino del sur/ a ganar en la vida/ un lugar y quedo/ con los ojos cansados/ de tanto esperar/ y su cuerpo cubierto de cal… La canción sonaba en las radios y también había ganado algunos festivales por ahí… Integraba el conjunto Aymara y se encontraban en proceso de sacar el long play “Cantor de Oficio”. Genaro estudiaba Ingeniería Química y solía andar por la Universidad con su guitarra en bandolera, a veces se sentaba en un escaño del patio a rasgar las cuerdas de la guitarra. Entonaba canciones. Canturreaba… Era más conocido como un artista y tenía poco a nada que ver con política. Entendiendo “política” en el sentido más duro; de la militancia activa. (“Y si hacemos una peña…” propuso un día un muchacho de electricidad. “Difícil, es mucho trabajo…” ¿Y qué se necesita? “Un lugar, equipos de sonido, publicidad…. Muchas cosas…” “Yo pongo el sonido, tengo los equipos, me gano la vida en eso…”)
Como te dije aquellos eran tiempos difíciles, en cualquier momento llegaban patrullas armadas a retirar estudiantes de las aulas de clase. Así nada más… imagina tú. Había que tener coraje y osadía para atreverse con una Peña. Lo primero era pedir permiso. Y no estaba nada de claro que los militares –que en ese momento mandaban en la UTE- iban a permitir semejante atrevimiento. Tampoco estaba claro si los estudiantes iban a participar. Al fin y al cabo llevábamos dos años de silencio. Y de miedo.

Y mira tú, las cosas se fueron dando: conversando con alguien aquí y con otro allá… –me gustaría aclarar que fue un proceso en que participo muchísima gente- y, por diversas razones. Cuando no lo esperábamos, ocurrió el milagro; tuvimos fecha, hora y autorización para realizar en el comedor de la Escuela de Artes y Oficios, en el epicentro de la comunidad universitaria de la UTE, una Peña. Una Peña cultural. Era la Primera Peña Folclórica universitaria a poco más de dos años del Golpe Militar.

Empezó a llegar gente, salían de todos lados: se monto un escenario, iluminación… hasta afiches se pegaron… Demanda mucho trabajo el organizar algo aparentemente sencillo como una Peña… Pero resultó. Había de todo, algunos motivados por la política si quieres… Pero -y ojo-, también estaban los otros, los encargados de vigilar, de fichar, de parar “oreja” y soplar a quienes andaban en actitudes sospechosas, a los rebeldes, los que “se conjuraban para sembrar el caos”. Sin embargo la enorme mayoría –jóvenes al fin y al cabo- deseaba divertirse, darle al carrete y simplemente cantar.

Aquella fue la tarde de la gran sorpresa. Contra todo pronóstico el comedor se repleto, de bote a bote, hay quienes contabilizaron más de seiscientos estudiantes. La gente vibraba, saltaba, aplaudía, y todos unidos una y otra vez cantaban a coro: Salgo a caminar por la cintura cósmica del Sur…

PW_TEATRO_EAOAhí mismo descubrimos varias cosas. Cosas importantes; en primer lugar se podía hacer actividades, podíamos convocar y la gente: los estudiantes, los académicos y el personal administrativo respondía. Además fue una cura de fuego, (hay que imaginarse a cientos de voces cantando: Increíble…!) Ahí perdimos el miedo. Ahora aquí también existen diversas opiniones, algunos sostienen que tuvo éxito porque en el fondo (muy en el fondo) era una actividad política y era una forma de responder a las humillaciones y abusos de la Dictadura. Es muy probable que tengan razón… y sin duda existen sociólogos, politólogos y una gran variedad de expertos que pueden analizar y explicar el fenómeno como si tratara de un animal disecado. Pero para mí –y para muchos- aquello simplemente significaba extender las alas interiores y volar. Alzar el vuelo. La posibilidad de expresarse. De crear. De crecer como individuos. Era la conquista de la libertad. Quitarse de encima la camisa de fuerza que la presencia militar nos imponía. Después de aquella primera Peña en los comedores todo cambio y las cosas no volvieron a ser iguales para mí, ni para nosotros, dentro de la Universidad._40723388_illapuSe vivió una intensa y breve primavera. (Pero cómo: ¿Los milicos no reaccionaron?) Aldo Saavedra recuerda que trajimos invitado al Illapu al Teatro de la EAO. Y, también -en otra jornada memorable actuó el grupo Ortigas… Pero era tan enorme la efervescencia estudiantil que llamaron a los pacos y el acto terminó abruptamente. Cactus había nacido. Se trajo al conjunto Semilla con sus cantos y bailes y entonces Hugo recuerda que recitaste aquel poema “somos los pequeñitos pescadores, los hombres de la orilla, tenemos frío y hambre, eres nuestro enemigo…” Fue la apoteosis…acota Paco, Además, Luis recuerda que entre las actividades -convocamos un concurso de Poesía-, en homenaje al Premio Nobel Pablo Neruda. Nos habíamos lanzado a la vida (¿Y las autoridades, los sapos, los milicos no hacían nada?) Los muchachos de la Pastoral Universitaria, los de centro, los de izquierda, los independientes: todos querían participar. Había ebullición en los patios. Se pusieron nerviosos. ¿Qué sucedió? Pues paso lo que tenía que pasar. Vino la patada…

patio-de-los-perros-panoramica

A fines del 76 cayó la represión, se nos prohibió hacer actividades y reunirnos. A los estudiantes que estábamos de ayudantes en laboratorios se nos elimino, recuerda Aldo. Quisieron restaurar el silencio y el miedo. Pero ya era imposible volver atrás. Bajo la aparente calma de los patios sabíamos –todos sabíamos- que algo se encontraba en ebullición, aguardando su momento..

Si, aquellos fueron años duros, difíciles… Ahora se puede googlear y encontrar montones de páginas virtuales donde se habla de otras organizaciones juveniles que en aquellos días tuvieron ocasión de surgir y hacer lo suyo: La ACU en la Universidad de Chile, La UEJ entre los escritores jóvenes y muchísimas peñas que brotaron en Santiago y donde se podía escuchar el Canto Nuevo. Sin embargo en la UTE nació todo: fuimos los primeros. Pienso que por ahí, en alguna página debe quedar espacio para recordar a los pioneros: CACTUS. Y también los versos finales de la bellísima canción de Víctor… “laborando el comienzo de una historia, sin saber el fin…”

Artículo nacido de la conversación de Genaro Prieto con Jorge Calvo y en colaboración con varias otras personas.

Dedicado a todos aquellos estudiantes, académicos y personal de la Universidad Técnica del Estado que -el año 1976- de uno u otro modo colaboraron con CACTUS.

5 Responses to Arte rigurosamente vigilado

  1. Marcela dice:

    gracias por las palabras, los recuerdos

  2. manuel gonzalez soto dice:

    QUE HERMOSOS RECUERDOS LLENOS DE MIEDO Y ESPERANZA QUE EN EL SIGILO DE LAS AULAS FUE PARIENDO LIBERTAD.
    GRACIAS
    BRIGADASOCIALISTAUNIVERSITARIA
    UTE_73

  3. Patricio Barra dice:

    La mejor respuesta de Víctor a la brutal represión ha sido cada verso de sus canciones,¡¡ Acusado falsamente de portar armas de fuego, pues no se equivocaron ¡¡ cada verso es una bala y cada canción un arma pero de un fuego distinto e inextinguible, el necesario para construir un pais distinto, mas justo y solidario, tu boca dispara en miles de otras bocas, tu verso perdura más que el metal que corrompió tu carne.

  4. Juan II dice:

    Un articulo engarzado en la historia y en la memoria, con sensaciones difíciles de transmitir por ser basados en la experiencia, hago referencia a la expresión “el silencio se podía cortar con un cuchillo”.
    Una hermosa historia para un cactus que renace con porfía.

  5. Angelica Leighton dice:

    Recuerdos de una epoca de ideales, de tanta vida, tanta fuerza , tanto valor…de esperanza, pese a todo lo que ocurria, de efevescencia de vida. La juventud, que imponia su brio!

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