Monthly Archives: agosto 2017

La indispensable memoria

Por Eduardo Contreras

Vuelvo sobre un tema trascendente, el de la necesidad de la memoria histórica para  comprender y enfrentar correctamente el presente y plantearse seriamente las necesidades del futuro. Cuestión esencial cuando se trata de escenarios como el de nuestro país en donde se sufrió una dictadura atroz que produjo alteraciones fundamentales en la sociedad chilena así como en las ideas y conductas de la población.

Las caras y las arcas, de Sergio Infante

El más reciente poemario de Sergio Infante R. es una trilogía compuesta por Epifanía y trastienda, Alameda almenada y Oculto en el doble fondo, poemarios que Catalonia edita en un solo volumen. Los recorre el Gran Rasca, cuyo paso deja las engañosas huellas de las relaciones de poder a toda escala. El Gran Rasca –a quien ya habíamos divisado en otros libros de Infante– ahora copa los escenarios encarnándose en quien estime conveniente, tanto en un luminoso palacio, en un patio escolar o en un abyecto cuchitril como mediatizado por una pantalla o por una zarza ardiente. Aparezca donde aparezca, El Gran Rasca trata de encubrir con aires de megalómano las notorias chapucerías de su quehacer, actitud que termina por revelar nuestra puesta en el mundo y el actual relegamiento de la ética. Al mismo tiempo, revive la vieja pregunta de quién es imagen y semejanza de quién, enigma animado por el contrapunto de la creación y de la muerte.
Como en otras obras de este autor, en Las caras y las arcas se aprecian las alusiones literarias y míticas, clásicas y populares, y una buena dosis de humor que no impide la profundidad de los poemas.

Reseña libro: El emisario Secreto de Jorge Calvo

Por María de los Ángeles Barrera,
Directora de Lectores en tránsito

La técnica o ejercicio escritural como tal, no sólo representa el desafío de empalmar las ideas adecuadas para lograr la continuidad de un relato, sino que incluye la propuesta emocional de la misma. Escribir no es sólo la práctica de llevar al papel los vocablos, es la amalgama entre lo que se lee y se escribe, esta aleación entre la diversidad de lecturas y los escritos confiere a cada escritor un estilo propio y en consecuencia una voz particular.

La Idea de Dios en la Globalización. A propósito de Martín Cerda

por Hernán Ortega Parada 

Reflexionar es siempre estar yendo y viniendo
al interior de un camino inconcluso…
PABLO VEGA F.

 Acostumbro a releer a Martín Cerda, cuyos textos si bien breves no por ello dejan de tocar a fondo un tema, una visión personal. Ello me provoca un estado propicio para agudizar las contradicciones

Estuve seis años cerca de Martín como alumno del Taller Huelén y, sin embargo, percibo que su “entrega” en las reuniones semanales en el Goethe no era producto de un encuentro suyo con personas interiorizadas en la cultura profunda. Se cumplía un protocolo de conversación sobre los temas que proponían escritos primerizos de los “alumnos”; éstos, hombres y mujeres que buscaban la maduración de sus propias expresiones literarias pero en estado de iniciación muy precario. Y me incluyo. Cito este antecedente pues el verdadero maestro ensayista estaba en otros círculos, como en sus conversaciones privadas con Hernán Godoy Urzúa, por ejemplo; o en instantes “calientes”, en torno a un mesa de medianoche rodeada de intelectuales como Ricardo Latcham, Tito Mundt, Alberto Soria, Eduardo Molina, Luis Oyarzún, o, tal vez ocasionalmente, con Jorge Millas; todos ellos al inmediato regreso de Europa de Martín. Al segundo regreso (1977) muchos de aquellos ya no estaban. Pero debo considerar que Martín Cerda guardaba su intelecto trascendente para cuando enfrentaba la página en blanco y ello explica los títulos de sus dos libros publicados en vida; reflexiono en especial sobre el último, “Escritorio”. Articulista en periódicos comprometidos con la dictadura, solía escasamente mostrar sus atributos críticos sobre lineamientos profundos. Ni siquiera en la tv, o en conferencias se explayaba abiertamente: no fue un hombre de pasiones públicas, sino un tipo muy contenido tanto como por lo que pasaba en el país o como aquello que lo aquejaba en la intimidad. O, sugiero, era su estructura de ser: una abuela paterna francesa –Drouviell-, y una abuela materna alemana –Von Mayer-. Rigor intelectual. En consecuencia, el ensayista per se, profundo conocedor de la historia del pensamiento y de la evolución de las sociedades, emerge recién en las páginas de La Palabra Quebrada ( 1982) ; título metafórico que no debe considerarse como hallazgo ligero: es la orientación de un lenguaje herido que emana de la casa fantasma y de la humanidad fantasmal.

Partida de Poli Délano

Por Diego Muñoz Valenzuela

 

Querido Poli:

            Nuestra historia es antigua, se entrecruza desde los inicios, por la amistad entre nuestros padres, vinculados por la literatura y las esperanzas de construir un mundo mejor. Mis primeras noticias de tu existencia provienen de comienzos de los 60, cuando de la mano de Inés y Diego -mis padres- concurrí por primera vez a la casa de Luis Enrique y Lola -los tuyos- en Cartagena. Para mí una fiesta, porque era una casa muy extravagante, repleta de tesoros artísticos provenientes de lugares exóticos y lejanos. Además, muy poblada de animales. En particular recuerdo la epifanía que me provocó la visión de una gran jaula habitada por toda clase de aves maravillosas: faisanes imitando el arcoíris, moñudas gallinas blancas con elegantes polainas, orgullosos gallos de la pasión cantando con pecho inflado, tímidas perdices inflamadas de inquietud. Fue una imagen que quedó hondamente grabada  en mi conciencia. Me pasaba horas contemplando ese pequeño paraíso donde convivían, más o menos sanamente, especies tan bellas y diferentes. Y esa imagen puebla obsesivamente los deseos que quisiera cumplir en los años que vienen.

¡Hasta siempre,Compañero!

Por Edmundo Moure

Dura noticia es, en esta fría mañana de agosto, enterarme de la partida del entrañable compañero y fiel amigo, notable narrador chileno, Poli Délano, a los 81 años de edad. Había nacido en julio de 1936, en Madrid, en las horas previas al inicio de la Guerra Civil Española, cuando su padre, el también ilustre Luis Enrique Délano, cumplía funciones diplomáticas en la capital madrileña.
Una larga vida de viajes, extrañamientos y exilios.